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Santa Verónica Giuliani – 9 julio

9 julio, 2017

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Santa Verónica Giuliani

Biografía




Santa Verónica Giuliani fue una extraordinaria mística nacida el 27 de diciembre del 1660 en Mercatello sul Metauro, Italia. Sus padres fueron Francesco y Benedetta Mancini.

Fue bautizada con el nombre de Úrsula. A los tan solo cinco meses la pillaron caminando sola para ir a venerar un cuadro de la santísima Trinidad. No tenía todavía 7 meses cuando corrigió a un comerciante poco honesto con estas palabras: «Hagan justicia, que Dios los ve.»

A los tres años empezó a gozar de frecuentes visiones de Jesús y la Santa Virgen María, que le sonreían y contestaban desde las imágenes colgadas en las paredes de su casa mientras ella exclamaba: «¡Jesús bonito! ¡Jesús querido! Yo te quiero mucho. Durante la Misa, al momento de la elevación, veía casi siempre en la hostia a Jesús que la invitaba a Él. «¡Oh, bello!… ¡Oh, bello!…» gritaba la pequeñita frente al altar.

Cuando el sacerdote llevó el viático a su madre, la santa vio la hostia deslumbrante de luz. A esto suplicó: «También a mi dame a Jesús.»

Cuando su mama que se estaba muriendo la llamó, la pequeña se le puso cerca, sobre la cama, exclamando: «¡Ay, qué bonita cosa has recibido mamá! ¡Ay, que olor de Jesús!». Antes de morir la piadosa progenitora llamó a sus cinco hijas alrededor de ella y a cada una asignó una llaga del crucifijo como refugio. A Úrsula, de 6 años, le tocó el Sagrado Corazón.

En la niñez, leyendo vidas de santos mártires, la santa empezó a tener el deseo de morir por amor de Jesús. Una vez a propósito puso una manito en el fuego de un calentador, quemándose sin llorar.

Se disciplinó con una gran cuerda; caminó de rodillas; dibujó cruces en la tierra con la lengua; estuvo largamente con los brazos abiertos en forma de cruz; se pinchaba con los espinos; se construyó cruces desproporcionadas a sus hombros, deseosa de hacer todo lo que hizo el Dios el que murió por todos nosotros.

Por amor a Dios, tuvo compasión de los pobres a los que donó generosamente lo que disponía. Escribirá más tarde: «Me pareció ver a nuestro Dios, cuando los vi.» Con el pasar de los años creció en ella cada vez más el afán de hacer la primera Comunión.

Fue satisfecha el 2 de febrero del 1670. Jesús le dijo: «¡Piensa solo en mí! ¡Tú serás mi esposa querida!». Tenía varios pretendientes y un día le dijo a su padre: «¿Cómo te puedo obedecer, si el Dios me quiere como su esposa?… Tenemos que obedecerlo».

Después de haber cambiado el nombre de Úrsula al de Verónica, el día 17 de julio del 1677 logró entrar con 17 años, en el monasterio de las Capuchinas de la Citta  di Castello.

Los fenómenos místicos que le verificaron en ella fueron controlados severamente por autoridades competentes. Desde el 1695 al 1727, tuvo que obedecer las orden del obispo Eustachi de escribir un diario de fases y experiencias de su vida interior. Llenó 21.000 páginas recogidas en 44 volúmenes, publicados por entre los años 1895 al 1928 por el Padre Luigi Picado, con versiones en el francés y español.

De modo misterioso, pero real y visible, experimentó uno a uno todos los martirios y los ultrajes de la Pasión del Señor. Sin parar exclamó: «Las cruces y los padecimientos son alegrías y son contentos.» Llegó a decir: «Ni padecer, ni morir, por más padecer.» Le dijo a Jesús: «No tengo sed de consuelos, si no sacrificios y de padecimientos.» Hasta el fin de su infancia rezaba: «Esposo mio, mi querido bien, crucifíqueme con Usted! Hazme sentir las penas y los dolores de Tus santos pies y Tus santas manos… ¡No te tardes!.»

En el 1694 se volvió maestra de las novicias y recibió marcas de espinas en la cabeza. Después de tres años de ayuno a pan y a agua, el viernes santo del 1697 le aparecieron los estigmas y en el corazón tuvo imprimido los instrumentos de la Pasión. «En un instante, escribió la santa, vi salir de sus santas llagas cinco rayos resplandecientes; todos vinieron a mi; y yo vi dichos rayos volverse como pequeñas llamas. En cuatro habían clavos y en uno la lanza de oro ardiente, y me pasó el corazón de banda a banda, y los clavos pasaron a las manos y los pies.» La gente notaba este sufrimiento, que fue llamada la «esposa» del crucifijo.

Acompañado por sacerdotes experimentados, el obispo, fue a su monasterio y se convenció de la veracidad de los estigmas. Algunos médicos trataron de curar las heridas por seis meses. Después de cada medicación le pusieron guantes a las manos. Pero las heridas, en lugar de curar, crecieron más. La abadesa recibe la orden por parte del obispo de probar la paciencia, la humildad y la obediencia de la santa en la manera más sensible.

Le fue sacado el oficio de maestra de las novicias; le prohibieron el derecho a voto en la comunidad; le fue prohibida toda relación con las otras monjas; tampoco fue admitida al coro ni a la santa Misa; fue privada hasta de la Comunión y por cincuenta días fue cerrada en una celda parecida a una prisión. Entonces a propósito fue tratada como una disimuladora y una mentirosa. Al final de esta prueba el obispo escribió: «Verónica obedece a mis órdenes en la manera más exacta y no muestra, entre medio de estos duros tratos, ni la más ligera señal de tristeza, si no una tranquilidad indescriptible y un humor alegre.»

A estos sufrimientos sumaba un gran espíritu de oración. «Me ha constituido mediadora entre Él y los pecadores. Éste es el primer oficio que Dios me ha dado» escribió. Confió en el su diario:»Dios me ha prometido la gracia de liberar cuantas almas quiero del Purgatorio.».

Santa Verónica Giuliani murió el 9 de julio del año 1727, después de 33 días de enfermedad. En su corazón virginal fueron encontrados tallados los emblemas de la pasión tal como los describió y hasta dibujó por orden del confesor. Su cuerpo es venerado bajo el altar mayor de la iglesia de las Cappuccine en Città di Castello. Pio VII la beatificó el 18 de junio del 1804 y el papa Gregorio XVI la canonizó el 26 de mayo del 1839.

Esta fue la vida de Santa Verónica Giuliani, santo del día 9 de julio del calendario santoral.

Detalles

Fecha:
9 julio, 2017
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