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San Pedro Canisio

27 diciembre, 2016

Pedro Kanjis (Petrus Canisius)

SAN PEDRO CANISIO (1521-1597)
Doctor de la Iglesia Fiesta: 21 de diciembre

Fue un teólogo jesuita holandés, predicador, escritor, Doctor de la Iglesia, llamado «el segundo evangelizador de Alemania» (el primero siendo San Bonifacio). Su nombre en su lengua nativa es Pedro Kanjis, que llevado al latín se dice: Canisius.

Se lo recuerda como el «Martillo de los herejes» por la claridad con que demolía los errores de los protestantes, entre los iniciadores de la prensa Católica. Su lema en la apologética fue «no hieran, no humillen, pero defiendan la religión con toda su alma».

Fue uno de los primeros jesuitas devotos al Corazón de Jesús, se sintió impulsado a buscar a Cristo en el Santísimo Sacramento luego de sus últimos votos y a agradecerle al Cristo presente por la gracia que había recibido de Su Sagrado Corazón de posibilitarle continuar su misión en Alemania.

Nació en 1521, en Nimega de Holanda, que dependía entonces de la arquidiócesis alemana de Colonia.

Era el hijo mayor de noble Jacobo Kanis. Aunque Pedro tuvo la desgracia de perder a su madre cuando era todavía pequeño, su madrastra fue para él una segunda madre.

La predicación del Beato Pedro Fabro, miembro del grupo original de jesuitas, había despertado gran interés en san Pedro Canisio, quien hizo los Ejercicios de San Ignacio, y durante la segunda semana prometió a Dios ingresar en la Compaña de Jesús.

Fue el octavo jesuita en hacer los votos solemnes.

Comenzó a distinguirse en la predicación. Había asistido a dos sesiones del Concilio de Trento, como teólogo del cardenal Truchsess y consejero del Papa.

Se distinguió por la profundidad de su cultura teológica, por su celo y actividad, pero también por el espíritu conciliador.

De ahí le llamó San Ignacio a Roma, donde permaneció cinco meses, en los que Canisio dio pruebas de ser un religioso modelo, dispuesto a ir a cualquier parte y a desempeñar cualquier oficio.

Fue enviado a Mesina a enseñar en la primera escuela de los jesuitas de la que la historia guarda memoria, pero al poco tiempo volvió a Roma a hacer su profesión religiosa y a desempeñar un cargo más importante.

Recibió la orden de volver a Alemania, ya que el duque Guillermo de Baviera había pedido urgentemente algunos profesores capaces de contrarrestar las doctrinas heréticas que invadían las escuelas.

No sólo tuvo éxito Canisio en la reforma de la Universidad, de la que fue nombrado primero rector y luego vicecanciller, sino que, con sus sermones, consiguió la renovación religiosa.

Luego partió a Viena, en 1552, a petición del Rey Fernando, para emprender una tarea semejante.

La situación en Viena era peor aún, en los veinte años no había habido ni una sola ordenación sacerdotal; los monasterios estaban abandonados; las gentes se burlaban de las órdenes religiosas; el noventa por ciento de la población había perdido la fe y los pocos católicos que quedaban, practicaban apenas la religión.

San Pedro Canisio empezó por predicar en iglesias casi vacías, y poco a poco, fue ganándose el cariño del pueblo por la generosidad con que atendió a los enfermos y agonizantes durante una epidemia.

La energía y espíritu de empresa del santo eran extraordinarios; se ocupaba de todo y de todos, lo mismo de la enseñanza en la universidad, que de visitar en las cárceles a los criminales más abandonados.

 

Se le reconoce como pionero de la prensa católica, siento el primero del numeroso ejército de escritores jesuitas.Escribió un famoso catecismo o «Resumen de la Doctrina Cristiana», en 1555.

A esa obra siguieron un «Catecismo Breve» y un «Catecismo Brevísimo», que alcanzaron enorme popularidad.

Dichas obras serían reimpresas más de doscientas veces y traducidas a quince idiomas (incluyendo el el hindú y el japonés) en vida del autor.

El santo nunca trató a los protestantes con falta de caridad. Se limitó a clarificar sus errores para el bien de todas las almas.

Supo ser caritativo y amable con los herejes y al mismo tiempo incisivo y claro contra las herejías.

Pasó varios años en Praga, donde devolvió la fe a gran parte de la ciudad, y el colegio que fundó era tan bueno, que aun los protestantes enviaban a él a sus hijos.

Se calcula que, entre 1555 y 1558, recorrió diez mil kilómetros a pie y a caballo y que, en treinta años, anduvo cerca de treinta mil kilómetros por Alemania, Austria, Holanda e Italia.

Para responder a quienes decían que trabajaba demasiado, solía decir: «Quien tenga demasiado qué hacer será capaz de hacerlo todo con la ayuda de Dios», otras veces decía: «Descansaremos en el cielo».

En 1559, fue a residir a Augsburgo durante seis años. Ahí reavivó una vez más la llama de la fe, alentando a los fieles, tendiendo la mano a los caídos y convirtiendo a muchos herejes.

En aquella época recopiló y editó una selección de las cartas de San Jerónimo, el «manual de los Católicos», un martirologio y una revisión del Breviario.

En Alemania se reza todavía, los domingos, la oración general compuesta por el santo.

Luego residió en Dilinga de Baviera, donde los jesuitas tenían un colegio y dirigían la universidad. El santo se dedicó sobre todo a la enseñanza, a oír confesiones y a escribir.

En 1580 recibió la orden de ir a Friburgo de Suiza. Dicha ciudad, que se hallaba situada entre dos regiones muy protestantes, quería que se fundase desde hacía mucho tiempo un colegio católico.

En pocos años venció San Pedro Canisio esos obstáculos y consiguió dinero, eligió el sitio y supervisó la erección del espléndido colegio que es en la actualidad la Universidad de Friburgo.

En 1591, un ataque de parálisis le puso a las puertas de la muerte, pero se rehizo lo suficiente para seguir escribiendo, con la ayuda de un secretario, hasta poco antes de su muerte.

Depués de haber rezado el Santo Rosario con varios jesuitas en Friburgo, el 21 de diciembre de 1597, de pronto exclamó lleno de alegría y emoción: «Mírenla, ahí está. Ahí está». Y murió. Era la Virgen Santísima que había llegado a llevárselo para el cielo.

San Pedro Canisio fue canonizado y declarado doctor de la Iglesia en 1925.

El santo pasó toda su vida oponiéndose a la herejía y tratando de restaurar la fe y la vida católicas. Sin embargo decía, hablando de los alemanes:

«Es cierto que muchísimos de ellos abrazan las nuevas sectas y yerran en la fe, pero su manera de proceder demuestra que lo hacen más por ignorancia que por malicia. Yerran, lo repito, pero sin intención, sin deseo y sin obstinación».

LEE LA ORACIÓN DE SAN PEDRO CANISIO A LA DIVINA PROVIDENCIA, QUE ES LA ORACIÓN FAVORITA DE BENEDICTO XVI

Detalles

Fecha:
27 diciembre, 2016
Hora:
8:00 am - 5:00 pm CET
Categoría del Evento: