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Beata Jacinta Marto

20 febrero, 2017

Beata Jacinta Marto

Niña vidente de la Virgen de Fátima.




Biografía

 

La Beata Jacinta Marto nació el 11 de marzo del 1910 en Aljustrel, muy cerca de Fátima, Portugal, y fue una de los tres pastorcitos que vieron a la Virgen María. Los otros patrocitos eran el beato Francisco Marto su hermano y su prima Jacinta Dos Santos.

Las apariciones

 

El 13 de mayo del 1917, cuando Jacinta tenía 7 años, se encontraba en Cova da Iria, junto a su hermano mayor, Francisco y su prima Lucía, para cuidar el rebaño.

Mira también la vida del beato Francisco Marto

Según el testimonio de los pastorcillos, improvisadamente vieron aparecer una «señora, que la identificaron con la Virgen. que había revelado a ellos 3 secretos, conocidos sucesivamente como los «secretos de Fátima». Las apariciones serían continuadas hasta el 13 de octubre de 1917, cuando se veridicó el fenómeno conocido como Milagro del sol.

Durante las apariciones,los pastorcitos soportaron con un gran espíritu y con admirable fortaleza a las calumnias, malas interpretaciones, injurias, persecuciones y hasta algunos días de prisión. Cuando los amenazaban con la muerte ellos respondían: «Si nos matan no importa; vamos al cielo» Por su parte, cuando a Jacinta se la llevaban supuestamente para matarla, con espíritu de mártir, les indicó a sus compañeros, «No se preocupen, no les diré nada; prefiero morir antes que eso»
Lucia cuenta que en la época Giacinta era como una niña como las otras: le gustaba jugar, bailar y era un poco cascarrabias.

Jacinta tenía una devoción muy profunda que la llevo a estar muy cerca del Corazón Inmaculado de María. Este amor la dirigía siempre y de una manera profunda al Sagrado Corazón de Jesús. Jacinta asistía a la Santa Misa diariamente y tenía un gran deseo de recibir a Jesús en la Santa Comunión en reparación por los pobres pecadores. Nada le atraía mas que el pasar tiempo en la Presencia Real de Jesús Eucarístico. Decía con frecuencia, «Cuánto amo el estar aquí, es tanto lo que le tengo que decir a Jesús.»

Una vez Jacinta exclamó: ¡Qué pena tengo de los pecadores! !Si yo pudiera mostrarles el infierno!

Jacinta buscaba el silencio y la soledad para darse a la contemplación. «Cuánto amo a nuestro Señor,» decía Jacinta a Lucia, «a veces siento que tengo fuego en el corazón pero que no me quema.»

Después del encuentro con la Virgen, su vida y sus costumbres cambiaron: receba mucho, hasta cuando, el 23 de diciembre de 1918, fue golpeada, junto a su hermano Francisco, del terrible virus de la española, osea la bronco-neumonía. Un día le declara a Lucia: «La Virgen ha venido a verme y me preguntó si quería seguir convirtiendo pecadores. Respondí que si y Ella añadió que iré pronto a un hospital y que sufriré mucho, pero que lo padezca todo por la conversión de los pecadores, en reparación de las ofensas cometidas contra Su Corazón y por amor de Jesús. Dijo que mamá me acompañará, pero que luego me quedaré sola.» Y así fue.

Por orden del médico fue llevada al hospital de Vila Nova donde fue sometida a un tratamiento por dos meses. Al regresar a su casa, volvió como había partido pero con una gran llaga en el pecho que necesitaba ser medicada diariamente. Pero, por falta de higiene, le sobrevino a la llaga una infección progresiva que le resultó a la joven Jacinta un tormento. Era un martirio continuo, que sufría siempre sin quejarse. Durante su enfermedad le dijo a su prima Lucía: «Sufro mucho; pero ofrezco todo por la conversión de los pecadores y para desagraviar al Corazón Inmaculado de María»

En enero de 1920, un doctor especialista le insiste a la mamá de Jacinta a que la llevasen al Hospital de Lisboa, para atenderla. Esta partida fue desgarradora para Jacinta, sobre todo el tener que separarse de su prima.

Al despedirse de Lucía, Jacinta le dijo: «Ya falta poco para irme al cielo. Tu quedas aquí para decir que Dios quiere establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María. Cuando vayas a decirlo, no te escondas. Di a toda la gente que Dios nos concede las gracias por medio del Inmaculado Corazón de María. Que las pidan a Ella, que el Corazón de Jesús quiere que a su lado se venere el Inmaculado Corazón de María, que pidan la paz al Inmaculado Corazón, que Dios la confió a Ella. Si yo pudiese meter en el corazón de toda la gente la luz que tengo aquí dentro en el pecho, que me está abrazando y me hace gustar tanto del Corazón de Jesús y del Corazón de María.»

Su mamá pudo acompañarla al hospital, pero después de varios días tuvo ella que regresar a casa y Jacinta se quedó sola. Fue admitida en el hospital y el 10 de febrero tuvo lugar la operación. Le quitaron dos costillas del lado izquierdo, donde quedó una llaga ancha como una mano. Los dolores eran espantosos, sobre todo en el momento de la cura. Pero la paciencia de Jacinta fue la de un mártir. Sus únicas palabras eran para llamar a la Virgen y para ofrecer sus dolores por la conversión de los pecadores.

Tres días antes de morir le dice a la enfermera, «La Santísima Virgen se me ha aparecido asegurándome que pronto vendría a buscarme, y desde aquel momento me ha quitado los dolores.»

El 20 de febrero de 1920, hacia las 6 de la tarde ella declaró que se encontraba mal y pidió los últimos Sacramentos. Esa noche hizo su ultima confesión y rogó que le llevaran pronto el Viático porque moriría muy pronto. El sacerdote no vio la urgencia y prometió llevársela al día siguiente. Pero poco después, murió con tan solo diez años.
Con respecto a su hermano, la enfermedad fue más larga y dolorosa. También fue hospitalizado, inútilmente, en el hospital de Lisboa, dónde murió el 20 de febrero del año 1920. La Beata Jacinta Marto fue beatificada por el Papa San Juan Pablo II  el 13 de mayo del año 2000.

Detalles

Fecha:
20 febrero, 2017
Hora:
12:00 am - 11:55 pm
Categoría del Evento:

Local

Recinto sin nombre
Fátima, Portugal + Google Map