Comentario del Evangelio, San Juan 3: 7b-15 CATOLICO

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Buenos días.

Todos sabemos que entre los fariseos había un hombre llamado Nicodemo.

Él se convirtió en discípulo cuando se acercó sabiendo que los signos que hacía Jesús venían de Dios.

Pero, hay algo que no terminaba de entender, porque pensaba que tanto él, como los demás fariseos, ya sabían todo de Dios.

En la conversación con Jesús escuchó que el Maestro le decía que hay que nacer de nuevo: “el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios”.

Ese renacer que le propuso Jesús es la conversión que hace del cristiano una persona de una pieza.

En otras palabras, la coherencia cristiana que nace de ponerse en manos del Espíritu Santo.

La Iglesia la hace el Espíritu. El Espíritu hace la unidad y nos empuja hacia el testimonio.

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El Espíritu te hace pobre, porque Él es la riqueza y hace que tú cuides de los pobres.

Que el Espíritu Santo nos ayude a caminar en este camino de renacidos por la fuerza del Bautismo” .

Ese renacer que nos hace hijos de Dios era lo que no entendían los fariseos y doctores. No era una vida de principios y formulas, de distinciones raciales y académicas, lo que verdaderamente contaba: era la sencillez de tratar a Dios como un Padre Bueno y dejarse llevar por Él.

Ahora en la Pascua, cuando la Iglesia nos pone frente a la Resurrección nos invita a caminar hacia Pentecostés.

Preguntémonos si estamos abiertos a la Buena Nueva de Dios. Y con un sí, animémonos a seguirlo al ritmo del soplo que nos llega de lo alto.

Bendiciones.

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