Comentario del Evangelio, San Juan 7: 40-53 CATOLICO

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«Nadie habló jamás como este hombre».

«Jesús enseñaba en el Templo. De la muchedumbre, algunos que habían escuchado sus palabras decían: verdaderamente éste es el Profeta. Pero otros replicaban: ¿acaso el Mesías puede venir de Galilea?» Jn 7, 40-41

¿Qué le faltó por hacer a este divino Amante en materia de amor?

Nos amó con un amor de complacencia, porque «sus delicias eran estar con los hijos de los hombres», y atraer al hombre hacia Sí, hasta hacer al hombre Dios.

Se unió a nosotros por una unión incomprensible, por la cual se adhirió y se estrechó con nuestra naturaleza tan fuertemente, indisolublemente, infinitamente, que nada ha habido más estrechamente junto y enlazado a la humanidad como lo está ahora la Santísima Divinidad en la Persona del Hijo de Dios.

Se incrustó del todo en nosotros y por así decir, fundió su grandeza para poderla reducir a la forma y figura de nuestra pequeñez.

De ahí que se le llame fuente de agua viva y rocío del cielo, como si Él hubiera tenido un éxtasis, no sólo como dice San Dionisio, por el exceso de su amor, que le sacó en cierta manera fuera de sí al extender su Providencia sobre todas las cosas; sino también porque como dice San Pablo, se despojó de su grandeza, de su gloria, dejó el trono de su incomprensible Majestad y hay que expresarlo así, «se anonadó a Sí mismo» para llenar con su divinidad, nuestra humanidad, para colmarnos de su Bondad, para elevarnos a su dignidad y para darnos el llegar a ser hijos de Dios.

Homilía de San Francisco de Sales: Tratado del Amor de Dios: Se vació de sí mismo para llenar con su divinidad, nuestra humanidad