ORACION PARA APRENDER A AMAR – MADRE TERESA

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Esta oración de la Madre Teresa nos acerca a Dios para pedirle de manera perfecta aprender a amar a nuestro prójimo:

Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida.

Cuando tenga sed, dame alguien que precise agua.

Cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor.

Cuando sufra, dame alguien que necesita consuelo.

Cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz del otro.

Cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado.

Cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de mis minutos.

Cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien.

Cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos.

Cuando quiera que los otros me comprendan, dame alguien que necesite de mi comprensión.

Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender.

Cuando piense en mí mismo, vuelve mi atención hacia otra persona.

Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos.

Dales, a través de nuestras manos, no sólo el pan de cada día, también nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo.

Amén.

Seguir el camino del Señor es cumplir sus preceptos, sus mandamientos, escuchar su voz y dar gloria a Dios con nuestros actos.  Como dice el Salmo 119: Felices los que cumplen sus prescripciones y lo buscan de todo corazón.

Sean perfectos como es perfecto el Padre del cielo. Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.

La Madre Teresa de Calcuta, es un ejemplo de quien amó a su prójimo por encima de su propia existencia.

Hemos dicho que la humildad es esencial para amar porque el creyente que es soberbio difícilmente puede abajarse de tal forma que tenga al prójimo muy por encima de sus propias circunstancias y decida que, en efecto, ha de amarlo.

Pues bien, existen muchas circunstancias que, día a día, se nos pueden presentar para “ejercitar” el amor. Solo tenemos que corrernos y poner al otro como prioridad y abandonarnos en el Corazón de Jesús.

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