Comentario del Evangelio, San Mateo 20: 17-28 CATOLICO

702

«¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?».

«Entonces se acercó a Jesús la madre de los de Zebedeos con sus hijos, y se postró para hacerle una petición. Jesús replicó: No sabes lo que pides. ¿Son capaces de beber el cáliz que Yo he de beber? Contestaron: Lo somos.»

¡Qué grande es nuestra miseria! Queremos que Dios haga nuestra voluntad y no queremos hacer la suya más que cuando es conforme a la nuestra.

La mayoría de nosotros, si nos examinamos bien, veremos que nuestras peticiones son impuras e imperfectas; si estamos en la oración, queremos que Dios nos hable, que venga a visitarnos, consolarnos y recrearnos; le decimos que haga esto, que nos de lo otro.

Y si no lo hace, aunque sea en beneficio nuestro, nos inquietamos, nos turbamos y nos afligimos…

Nuestro divino Maestro les dijo: ¿Pueden beber conmigo el cáliz que me está preparado?… y respondieron: podemos. Y Él añadió: ¿saben lo que es beber mi cáliz?

No creas que es tener dignidades, honores, favores o consuelos, ¡no!

Beber mi cáliz es participar en mi pasión, soportar las penas y los sufrimientos, los clavos, las espinas, beber la hiel y el vinagre.

Los mártires bebían de un trago ese cáliz… y ¿no es un gran martirio el no hacer nunca su propia voluntad, someter el juicio, desgarrar el corazón, vaciarlo de todos sus afectos impuros y de todo lo que no es Dios; no vivir según nuestras inclinaciones y humores sino según la voluntad divina y la razón?

Es un martirio muy largo y enojoso y que debe durar toda nuestra vida, pero que nos llevará a obtener al final una gran corona como recompensa si somos fieles a todo esto.

San Francisco de Sales – Homilía: Un martirio que dura toda la vida

Pidamos al Señor ser dóciles y confiados a su santa voluntad, para pasar los dolores y pruebas de esta vida y obtengamos el mérito de su Reino.

Que asís sea.