Comentario del Evangelio, San Marcos 7, 31-37 CATOLICO

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“…”Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen. ¿No recuerdan cuántas canastas llenas de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes entre cinco mil personas?”. Ellos le respondieron: “Doce”. 

“Y cuando repartí siete panes entre cuatro mil personas, ¿cuántas canastas llenas de trozos recogieron?”. Ellos le respondieron: “Siete”. 
Entonces Jesús les dijo: “¿Todavía no comprenden?”.”

El Señor se amarga frente a sus discípulos, que por tener la vista en las cosas del día a día, y preocuparse de una manera desconfiada, no se daban cuenta de la omnipotencia de su maestro.

Les dice: “¿Todavía no comprenden?”.”

Para entender a los dos milagros que refiere el Señor y su interpretación simbólica te invitamos a leer este link donde está explicado al detalle el significado bíblico de los números.

Cristo no sólo era incomprendido por los Fariseos y Escribas, sino que sus propios y más cercanos discípulos aún no entendían su mensaje.

Esta es una respuesta que podemos dar a quienes nos preguntan porque Dios eligió enviar a su hijo a sufrir tan cruelmente en su pasión, muerte y resurrección para redimirnos.

La respuesta está en la necedad del espíritu humano que se cierra a Dios y a su mensaje.

Los apóstoles, hasta después de pentecostés, cuando recibieron el Espíritu Santo, no entendían el Evangelio que Jesucristo había venido a traer. Sólo después la pascua del Señor pudieron entender.

Los fariseos ni aún así entendieron. Se mantuvieron en la oscuridad de sus propios criterios.

La diferencia estuvo en que los apóstoles respondieron con humildad y finalmente, a pesar de su cerrazón inicial, se abrieron al llamado de la Gracia de Dios que tan claramente manifestaba el Verbo Encarnado.

En cambio los fariseos se mantuvieron en su soberbia, en su papel de intérpretes privilegiados de una tradición que por años ya no reflejaba la voluntad de Dios fielmente, sino que la distorsionaba por sus intereses sectoriales y personales.

Así como los apóstoles estamos nosotros tantas veces. Sin entender porque Dios permite las pruebas por las que pasamos, perdiendo la calma y olvidando que Cristo nos manda confiar en Él y no temer sino la muerte del alma.

Sabiendo que Dios todo lo puede pidamos al Señor la Gracia de que finalmente, antes de que Él nos llame a dar cuentas, recibamos su Espíritu Santo para que nos ayude a entender el Evangelio, responder totalmente a la llamada de Cristo y así ser santos.

Que así sea.