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Comentario del Evangelio, San Marcos 1, 40-45. CATOLICO

«…»Si quieres, puedes purificarme». Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado». «

El Señor es poderoso y a la vez es nuestro amigo verdadero. Él cada vez que quiere, puede, y nunca deja de querer cuando se lo quiere a Él de verdad.

Esa es la razón primera para alabar al Señor día y noche. Su fidelidad no tiene límites, donde todo nos falla, Dios no falla. Su omnipotencia es también ilimitada. No alabar a Dios de todo corazón es una necedad.

Los que aman a Cristo no sufren gran cosa verdaderamente. Porque aunque sufran para los ojos del mundo, de la mano del Señor es nada su sufrimiento a comparación de la desolación y el terror que viven en la noche oscura los que se alejan de Dios.

Muchas veces somos probados por Dios, o recibimos pruebas que el Señor permite para nuestra mayor santidad y su mayor gloria, pero en esas pruebas la diferencia es estar o no de la mano de Cristo.

Nosotros solos somos muy débiles, y podemos muy poco, pero junto a Dios nuestra fuerza parece no terminar más. En Jesucristo es que nos hacemos partícipes de la vida divina y con ella vemos todo de otra manera, nuestra paciencia crece y nuestra confianza se agiganta.

Por eso nuestra mejor inversión, nuestro mejor negocio es confiar sólo en Dios. Y aunque no tuviéramos ninguna ventaja en ello, igual tendríamos que amarlo sólo por saber que Cristo siempre nos espera y consuela. Es Él quien nos dice: «no teman, que YO SOY y no te dejaré sin mi ayuda y sostén, no temas.»

Es en la fe en nuestro Señor Jesucristo donde podemos enfrentar a la vida con ánimo, con seguridad, con una quietud y luz que en un punto hace de nuestra alma otra, reflejando la luz de Dios en la que encontramos la pureza, la fortaleza, y el amor.

Pidamos al Señor la Gracia de decirle en nuestra oración de cada día con todo el corazón y toda nuestra fe: «Señor si quieres, puedes purificarme».

Que así sea.

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