Comentario del Evangelio, San Marcos 1, 29-39 CATOLICO

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«Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios… Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios.»

Sanación y liberación son el centro de la misión del Cristiano, porque imitando a su maestro este ha de ser el camino de apostolado a seguir en nuestra vida de fe.

Ser sanados y liberados nosotros mismos para colaborar luego con la gran obra del Señor:

«Infinito es el número de milagros, muchos de ellos famosísimos, que obró en los tres años de su predicación, para demostrar que hablaba como enviado de Dios, que era el Mesías esperado por los Patriarcas y vaticinado por los Profetas, que era el mismo Hijo de Dios.

Tal se manifestó en su transfiguración por el resplandor de su gloria y por la voz del Padre que lo proclamaba su Hijo muy amado.

A la vista de, tales milagros, muchos se convertían y le seguían, muchos le aclamaban y alguna vez le buscaron para hacerle rey.» (Catecismo Mayor Pio X).

Esta dignidad y poder del Señor, pone de manifiesto la debilidad y oscuridad del demonio.

Es propio del demonio y los suyos la aversión a todo aquello que es sagrado. Repugnancia a la oración, a todo lo que es bendecido. Se manifiesta con blasfemia, agresiones físicas, reacciones furiosas si se bendice o se ora ante la persona.

En cambio Dios es pura verdad, bondad y belleza. Frente a Él no hay lugar a mentiras, maldades o fealdad de espíritu. Por ello frente a Cristo, segunda persona de Dios, los demonios huyen y la enfermedad desaparece.

Cristo es verdadera salud de los enfermos, y libertad de espíritu para los atormentados. Debemos refugiarnos en la oración y continuas invocaciones a Dios, la Santísima Virgen y los Santos con mucha fe.

Pidamos en esa certeza al Señor cada día, sanación y liberación, por los caminos del Evangelio.

Que así sea.

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