Comentario del Evangelio, San Marcos 3, 31-35. CATOLICO

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«… el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.»

San Agustín nos enseña con luminosidad lo que el Señor nos quiere decir en este fragmento de su Santo Evangelio:

«Cristo, te enseña de alguna manera a desdeñar a tus padres y a amar a tus padres. Amas en la forma debida y con amor filial a tus padres cuando no los antepones a Dios: «Quien — son palabras del Señor — ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí.»

Parece como si con estas palabras te hubiera exhortado a no amarlos; al contrario, si lees con atención, te exhortó a amarlos.

Cristo pudo haber dicho: «Quien ama a su padre o a su madre no es digno de mí». No dijo eso para no hablar contra la ley que él mismo dio, pues fue él quien, por medio de su siervo Moisés, promulgó el mandamiento que dice: «Honrarás a tu padre y a tu madre».

No promulgó, pues, ahora una ley contraria, sino que recomendó la antigua; te enseñó el orden que has de mantener, no anuló el amor filial: Quien ama a su padre o a su madre, pero más que a mí.

Ámalos, entonces, pero no más que a mí. Dios es Dios y el hombre es hombre. Ama a tus padres, obedece a tus padres, honra a tus padres; pero, si Dios te llama a una misión más alta, para la que el cariño de los padres pueda ser un impedimento, guarda el orden, no eches por tierra la caridad.

… El Señor no renegó de su madre, sino que antepuso a ella algo que estaba haciendo.

Cuando Cristo dijo estos son mi madre y mis hermanos; y quien cumpla la voluntad de mi Padre, que me envió, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.

¿Acaso no hizo la voluntad del Padre la Virgen María, que por la fe creyó, por la fe concibió, elegida para que nos naciera la Salvación en medio de los hombres, creada por Cristo antes de que Cristo fuese en ella engendrado?

La cumplió; santa María cumplió ciertamente la voluntad del Padre; y por ello significa más para María haber sido discípula de Cristo que haber sido madre de Cristo.

Por eso era María bienaventurada, puesto que, antes de darlo a luz, llevó en su seno al maestro.

Tanto es así que mientras caminaba el Señor con la muchedumbre que le seguía, haciendo divinos milagros, una mujer gritó: ¡Bienaventurado el seno que te llevó! ¡Dichoso el seno que te llevó!

Mas, para que no se buscase la felicidad en la carne, ¿qué replicó el Señor? Más bien, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la guardan.

Por ese motivo, pues, era bienaventurada también María: porque escuchó la palabra de Dios y la guardó: guardó la verdad del SEÑOR en su mente mejor que la carne de CRISTO en su seno.

La Verdad es Cristo, carne es Cristo; Cristo Verdad estaba en la mente de María, Cristo carne estaba en el seno de María: mejor es lo que está en la mente, que lo que se lleva en el seno.

Santa es María, bienaventurada es María, pero mejor es la Iglesia que la Virgen María. ¿Por qué?

Porque María es una porción de Iglesia, un miembro santo, un miembro excelente, un miembro supereminente (la más santa de las criaturas), pero, al fin, miembro de un cuerpo entero. Si es parte del cuerpo entero, más es el cuerpo que uno de sus miembros.

El Señor es Cabeza y el Cristo total lo constituye la Cabeza y el cuerpo. ¿Qué diré? Tenemos una Cabeza divina, tenemos a Dios como Cabeza.

Por lo tanto, amadísimos, miren en ustedes mismos. También ustedes son miembros de Cristo, también son cuerpo de Cristo. Presten atención a cómo son lo que él dijo:

He aquí mi madre y mis hermanos. ¿Cómo seréis madre de Cristo?

Y todo el que escucha y todo el que cumple la voluntad de mi Padre que está en los cielos ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.

Haciéndonos hermanos de Cristo, participamos con Él en su herencia; por la misericordia de Cristo, que, siendo el único, no deseó ser el único heredero, sino que quiso que nosotros fuésemos herederos del Padre, coherederos con Él.

…¿Pero cómo podremos entender el ser madres de Cristo? …

La Iglesia es esposa de Cristo. Y, aunque sea más difícil de entender, es verdad que es madre de Cristo. La Virgen María tomó la delantera a la Iglesia en cuanto figura de ella.

Hemos nacido a luz en la fe de la Santa Madre Iglesia. Una Iglesia que está llamada a ser pura y casta como María.

Allí donde Eva fue corrompida por la palabra de la serpiente, allí debe ser virgen la Iglesia por don del Omnipotente. Por lo tanto, los miembros de Cristo den a luz en su espíritu, igual que María, siendo virgen, dio a luz a Cristo en su seno, y de ese modo serán madre de Cristo.

No es algo ajeno a ustedes, no es algo fuera de su alcance, ni cosa que incompatible con ustedes: fueron hijos, sean también madres. Se convirtieron en hijos de la madre cuando fueron bautizados; entonces nacieron como miembros de Cristo.

Traigan a las aguas del bautismo a todos los que puedan; para que, como ustedes fueron hijos al nacer, así sean ahora también madres de Cristo al traer almas al Señor para que nazcan a la vida verdadera.»

  • San Agustín – Sermón 72 (extractos).

1 Comentario

  1. LA PALABRA DE DIOS NOS DA VIDA, VIDA EN EL ESPIRITU. PIDAMOS A DIOS QUE NOS DE UN CORAZON CONTRITO Y HUMILDE, PARA ACCIONAR SEGUN SU VOLUNTAD. BENDICIONES, AMEN.

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