Comentario del Evangelio, San Marcos 1, 14-20 CATOLICO

La gracia y el llamado.

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«Síganme, y yo los haré pescadores de hombres»

Para salvar el alma propia es necesario pasar el tiempo en la tierra dedicados a hacer todo lo posible por atraer otras almas a Dios. Es decir que colaborando a salvar a nuestros prójimos, trabajamos en nuestra propia salvación.

Respondiendo al llamado de Cristo, nos hacemos miembros vivos de la Iglesia, es decir justos; que por obra de la Gracia divina, y docilidad a la llamada, se encuentran actualmente en gracia de Dios. Manternos en ese estado, es la condición para salvarnos.

 

El fragmento del Evangelio que leemos hoy, nos aclara el llamado de Cristo. El Señor nos llama a ser almas pescadoras de almas, peregrinas por el mundo hacia el encuentro con su Señor y Salvador en la eternidad, que pasan su peregrinaje tirando las redes que el Señor nos ha encomendado, colaborando así en el plan salvífico de Dios.

Es decir, sólo nos santificamos, trabajando por el Reino de Dios, con la acción y la oración. Subidos a la barca (la Iglesia), cumpliendo con el llamado de Cristo (Evangelizar).

Para que la pesca sea abundante debemos ante todo, predicar con el ejemplo. Y para eso rezar mucho pidiendo mantenernos en el camino de Cristo en cada momento, y en cada cosa que hacemos en nuestro día.

La Iglesia verdadera es CATÓLICA, que quiere decir universal, porque abraza los fieles de todos los tiempos y lugares, de toda edad y condición, y todos los hombres del mundo son llamados a formar parte de ella. Ese llamado universal se traduce en el mandamiento de Cristo de ir y convertir a todos los hombres a la fe verdadera.

Mantener la unión con el Señor, al enfrentarse a la vida, es la primera misión a la que estamos llamados, porque los misioneros de Cristo pescamos con un anzuelo poderoso, que es dar testimonio de nuestro Señor con nuestras vidas, que sin Él serían como hoja al viento, como un barco errante sin timón.

Dicho de otra manera, debemos preparar las redes de la santidad personal, para atraer nuevos discípulos para el Señor Jesucristo. Ello no es tarea simple.

Decía San José María Escrivá de Balaguer:

“El camino del cristiano, el de cualquier hombre, no es fácil. Ciertamente, en determinadas épocas, parece que todo se cumple según nuestras previsiones; pero esto habitualmente dura poco.

Vivir es enfrentarse con dificultades, sentir en el corazón alegrías y sinsabores; y en esta fragua adquirir fortaleza, paciencia, magnanimidad, serenidad.”

Pidamos al Padre del Cielo que renueve en nosotros cada día su gracia santificante, y que el ejemplo de la Santísima Virgen y los Santos del Señor nos ayuden en el combate diario de la salvación, en el que nos jugamos la salvación propia y la de los prójimos que el Señor nos ha confiado.

Que así sea.

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