Comentario del Evangelio, San Marcos 3, 7-12 CATOLICO

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«Como curaba a muchos, todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre él para tocarlo.«

«Digan a los cobardes de corazón: Sed fuertes, no teman… el mismo Dios vendrá a salvarlos» (Is 35,4).

El Señor Jesús sana, Jesucristo salva. Que nadie lo dude, que nadie se demore ni un segundo en salir a su encuentro. Cómo los que según leemos en el Evangelio que comentamos, se «ARROJABAN SOBRE ÉL», para tocarlo.

¿Somos débiles nosotros? Pongamos toda nuestra confianza en Jesucristo y se cumplirá el milagro:

«Todo lo puedo en Aquel que me conforta» decía el apóstol Pablo (Flp 4,13). Todo lo puedo, no por mis propias fuerzas, sino con las que me han obtenido los méritos de mi Redentor.

También nosotros debemos ir hacia Cristo, «arrojarnos sobre Él», correr hacia Él, poner en ello todo nuestra energía. Todo en la absoluta confianza de que Él nos curará, Él nos salvará. No hay tiempo que perder.

Será su Gracia la que nos llame, su Gracia la que nos santifique, y su Gracia la que nos salve. Pero como dijo San Agustín: «ese Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti».

La Gracia hará todo, pero nosotros como María, debemos responder sin dudar, y sin demora, arrojándonos sobre el Señor a su paso para que nos sane.

Que el Señor nos de la gracia de comprenderlo, desearlo y hacerlo así. La gracia de ir a su encuentro, en la confianza de que Él ya nos ha llamado, nos ha amado primero, y desde su Cruz y resurrección ha triunfado por nosotros que nos encontrábamos derrotados en el pecado.

Esa es su Gracia que se renueva cada vez que lo llamamos con el corazón humilde y sincero. Cada vez que lo invocamos y lo «apretujamos» con nuestra oración.

¡Señor sánanos! ¡Que así sea!