Comentario del Evangelio, San Marcos 2,23-28 CATOLICO

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«El Hijo del hombre es dueño también del sábado.»

¿Cómo interpretar esta afirmación de Cristo frente a los fariseos?

Hay que escuchar atentamente al Señor. Cristo responde a una manera de entender la relación entre Dios y su ley, y el pueblo de Dios que por ella se rige.

Esa manera de entender era equivocada, y el Señor lo hace notar claramente. Les pregunta: «¿Ustedes no han leído nunca lo que hizo David…?»

Está increpando a los que tienen la escritura sagrada, pero no la saben interpretar. Que ven un mandamiento como aislado del resto de las enseñanzas y preceptos divinos.

Es en el todo en el que cada parte tiene su sentido correcto. La «mente de Dios», el logos divino es pura perfección, pura verdad, pura bondad. En Dios todo se conecta y equilibra, cada parte de la creación tiene un sentido en relación al resto de la misma.

Es en la divina providencia, en la infinita sabiduría, en la bondad insuperable de Dios que se ha inspirado su ley, sus preceptos, su enseñanza, sus revelaciones todas, con un punto más alto en la encarnación de Dios en Cristo.

Por eso también el mandamiento del Sábado, como todos los demás, se deben interpretar a la luz de Cristo. Desde lo formal en que como Cristo resucitó un domingo, el descanso semanal y día del Señor ya no será un sábado, sino un domingo.

Luego desde una mirada que busque entender el alcance de este mandamiento, es el ponernos a disposición de Dios en forma exclusiva lo que inspira el mandamiento del descanso dominical. Por ello, ya no será como entendían los fariseos, un seguir al pie de la letra la ley de Moisés sin excepciones. Sino un tomar esta ley como guía, pero bajo una jerarquía de valores en la que la caridad al prójimo está por encima del mismo descanso dominical.

Y esto no viola el precepto si se entiende este en el espíritu y no sólo en la letra. Porque quien dedica su tiempo a aliviar al prójimo, a sostenerlo, está dedicando su tiempo a Dios, que nos ha advertido con claridad que al final de nuestras vidas seremos juzgados por el amor.

«En verdad les digo que cuanto hicieron a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron.» (Ev. s/ San Mateo 25: 40)

San Pablo en su segunda letra a los Corintios nos da la llave para interpretar estas supuestas contradicciones entre lo que Cristo enseñó y los mandamientos del Antiguo Testamento, cuando nos dice que Jesucristo «nos capacitó para ser ministros de una nueva Alianza, no de la letra, sino del Espíritu. Pues la letra mata mas el Espíritu da vida.» (II Corintios, 3: 6).

Pidamos al Señor cumplir siempre sus mandamientos y estar siempre abiertos y dispuestos a hacer el bien a nuestros hermanos cada vez que tengan necesidad.