Oración para descansar en Dios

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LA ORACION DE DESCANSO CARISMATICA
ORACION DE DESCANSO EN EL SEÑOR

¡Oh Esposo mío, amadísimo Jesús, purísimo Amor, Señor de todas las criaturas, quién me dará plumas de verdadera libertad para volar y descansar en Tí!

¡Oh dulce Cristo, cuándo me permitirán mis circunstancias ocuparme de Tí como debo, y ver cuán suave eres, Señor!

¡Dios mío! ¡Cuándo me confiaré del todo en Tí, tanto que no me sienta más a mi mismo, sino que, embebido de tu amor, sólo a Tí te sienta sobre toda otra percepción y sentido, en manera que nadie más podrá entender!

Ahora muchas veces doy gemidos, y sufro mi miseria con dolor, porque me ocurren muchos males en este miserable valle. Males que me turban a menudo, me entristecen y me nublan.

Muchas veces, los problemas y contradicciones me frenan, me absorben, me atrapan de tal manera que no puedo llegar a Tí, a tus alegres brazos. ¡Que gran bienaventuranza llegar a tus brazos sin ningún impedimento y dejarme abrazar por tí, como una pluma sin peso!

¡Ven a mi Señor. Siente, este mi suspiro, mira que gran destrucción hay en la tierra, necesitamos de Tí!

¡Oh Jesús, resplandor de la eterna gloria, consolación del alma que va peregrinando, hacia Tí, aquí está mi boca sin voz, y mi silencio que te habla y así te llama!

¡Hasta cuándo tardarás de venir mi Señor! ¡Date prisa que sin tus brazos que me sostengan caeré al duro y frío suelo!

¡Ven a mi pobre soledad, y dame la alegría de tu calor y tu luz. Envía tu mano, y libra a mí miserable persona de tanta angustia! ¡Ven, que sin Tí nunca tendré descanso verdadero; que Tú eres mi alegría, y sin Tí vacía está mi mesa!

Miserable soy, y casi encarcelado y preso entre cadenas hasta que Tú, Señor, me recrees y me pongas en libertad, y me muestres tu amigable rostro.

Busquen otros lo que quisieren en lugar de Tí; que a mí ninguna otra cosa me agrada, ni me agradará, sino Tú mismo, Dios mío, esperanza mía, salud eterna.

No callaré, ni dejaré de rogarte hasta que a tu gracia vuelva a mí, y Tú hables en mi interior y me digas:

«Yo soy: aquí estoy, vine porque me llamaste: tus lágrimas y el deseo de tu alma, tu humildad, y la contrición de tu corazón me han abierto la puerta y por eso he venido a aliviarte y darte mi alegría.»

Y entonces yo responderé con gran confianza:

«Señor, yo te llamé y deseé gozarte; estoy decidido a dejar toda cosa o persona que me aparte de Tí. Es mi pequeña respuesta a tu inmenso amor. Bendito seas, Señor, que tuviste conmigo la bondad de inspirar en mí el deseo de seguirte, infinita ha sido conmigo tu misericordia.»

Señor, ¿Qué otra cosa mejor puedo hacer ante Tí, que no sea humillarme con corazón sincero, acordándome de mis faltas y tibiezas? No hay nada ni nadie semejante a Tí en todas las maravillas del cielo y de la tierra y sólo tú conoces cuán grande es mi pequeñez y mi soledad.

Señor, tus obras son muy buenas, tus juicios rectos, tu providencia
rige todas las cosas; y por eso te alabo, seas por siempre honrado y glorificado.

Sabiduría del Padre, que siempre te alabe y bendiga mi boca, y con ella toda mi alma. Que te alaben y bendigan todas tus criaturas.

Todas ellas de Ti vinieron, y sólo en Tí descansarán y hallarán paz.

¡Señor, te ruego, concédeme esta gracia, en tus brazos quiero descansar!

Amén

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