Comentario del Evangelio, San Marcos 1,7-11 CATOLICO

El Señor se bautiza y se une a nuestras necesidades.

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«Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: «Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección.» «

Epifanía significa «manifestación». Jesús se da a conocer. Aunque Jesús se dio a conocer en diferentes momentos a diferentes personas, la Iglesia celebra como epifanías tres eventos:

Su Epifanía ante los Reyes Magos (Mt 2, 1-12)

Su Epifanía a San Juan Bautista en el Jordán

Su Epifanía a sus discípulos y comienzo de Su vida pública con el milagro en Caná.

El fragmento que hoy leemos, refiere al bautismo del Señor.

Juan el bautista, hijo de Zacarías y de Isabel, destinado por Dios, para ser el Precursor del Mesías y prepa­rar a los judíos a que le recibiesen, se había retirado al desierto a hacer vida penitente.

Llegado el tiempo de dar principio a su misión, vestido de pieles de camello con un cinturón de cuero, salió a las riberas del Jordán y comenzó a predicar y bautizar. Su voz era: «Haced penitencia, porque se acerca el reino de los cielos».

Un día se presentó entre la muchedumbre del pueblo Jesús, que, llegado a la edad de treinta años, debía empezar a ma­nifestarse al mundo.

Juan, que le reconoció, quiso al principio excusarse, pero vencido luego, por el mandamiento de Cristo, le bautizó. Y he aquí que apenas salió Jesús del agua abriéronse los cielos, y el Espíritu Santo en figura de paloma bajó sobre El, y se oyó una voz que decía: «Este es mi hijo muy amado.»

Recibido el bautismo y guiado por el Espíritu Santo, fue Jesús al desierto, donde pasó cuarenta días y cuarenta noches en vigilias, ayunos y oración. Entonces fue cuando quiso ser tentado del demonio en varias formas, para enseñarnos a vencer las tentaciones.

Su Santidad Benedicto XVI, reflexionaba sobre este acontencimiento:

«¿Necesita Jesús penitencia y conversión? Ciertamente no.

Con todo, precisamente Aquél que no tiene pecado se sitúa entre los pecadores para hacerse bautizar, para realizar este gesto de penitencia; el Santo de Dios se une a cuantos se reconocen necesitados de perdón y piden a Dios el don de la conversión, o sea, la gracia de volver a Él con todo el corazón para ser totalmente suyos.

Jesús quiere ponerse del lado de los pecadores haciéndose solidario con ellos, expresando la cercanía de Dios.

Jesús se muestra solidario con nosotros, con nuestra dificultad para convertirnos, para dejar nuestros egoísmos, para desprendernos de nuestros pecados, para decirnos que si le aceptamos en nuestra vida, Él es capaz de levantarnos de nuevo y conducirnos a la altura de Dios Padre.

Y esta solidaridad de Jesús no es, por así decirlo, un simple ejercicio de la mente y de la voluntad. Jesús se sumergió realmente en nuestra condición humana, la vivió hasta el fondo, salvo en el pecado, y es capaz de comprender su debilidad y fragilidad.

Por esto Él se mueve a la compasión, elige «padecer con» los hombres, hacerse penitente con nosotros. Esta es la obra de Dios que Jesús quiere realizar; la misión divina de curar a quien está herido y tratar a quien está enfermo, de cargar sobre sí el pecado del mundo.»

Reflexionemos sobre el gran don de Dios encarnado y venido a redimirnos, y pidamos la Gracia al Señor de responder en correspondencia a tanto amor.

Que así sea.