LA CORONILLA DE LAS DOCE ESTRELLAS

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Coronilla de las doce estrellas

“Un gran signo apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza” (1)

Permíteme, oh Virgen Santísima, tu gloria cantar, y aquel que te ataca por siempre acallar.

Rezar el Credo

Corona de Santidad:

Padrenuestro, Dios te salve María…

1. ¡Feliz! Pues tuviste en tu seno al Creador, Virgen y Madre, engendraste al Señor. Dios te salve María…

2. No sé como honrarte: ¡Oh Virgen, Santa e Inmaculada!
Has podido llevar al que el universo no puede abarcar. Dios te salve María…

3. Cómo eres de hermosa, Tú, Virgen María:
En Ti, no hay pecados, hay santa alegría. Dios te salve María…

4. Hay tantas virtudes, oh Virgen, en Ti:
Las noches serenas no brillan así. Gloria al Padre…

Corona de Poder:

Padrenuestro, Dios te salve María.

5. Gloria a ti, Reina del universo:
Condúcenos contigo a los goces del cielo. Dios te salve María…

6. De todas las gracias, eres Tesorera;
Otórganos parte de todo tu oro. Dios te salve María…

7. Dulce Mediadora entre Dios y lo humano:
Camino del cielo, Tú, danos la mano. Dios te salve María…

8. De tantos errores, eres destructora, de todos nosotros sé fiel conductora. Gloria al Padre.

Corona de Bondad:

Padrenuestro, Dios te salve María.

9. De los pecadores Refugio grandioso: devuélvenos, rápido, al Dios amoroso. Dios te salve María…

10. En Ti, cada huérfano encuentra una Madre:
A todos tus hijos conduce hasta el Padre. Dios te salve María.

11. Gloria a Ti María, alegría de los santos; llévanos contigo a las alegrías del cielo. Dios te salve María.

12. En la vida y en la muerte, eres nuestra Abogada:
Condúcenos, Madre, a la gran patria amada. Gloria al Padre.

Oración:

Te saludo, María, Hija predilecta de Dios Padre.

Te saludo, María, Madre admirable de Dios Hijo.

Te saludo, María, Esposa fidelísima del Espíritu Santo.

Te saludo, Templo augusto de la Santísima Trinidad.

Te saludo, María, querida dueña y bondadosa Madre mía. Reina de mi corazón; vida dulzura y esperanza mía ante Jesús; corazón y alma mía.

Soy todo tuyo y cuanto tengo es tuyo. Virgen más bendita que todas las puras criaturas, te pido que tu alma more en mí para glorificar al Señor, que tu espíritu habite en mí para regocijarse en Dios.

¡Oh Virgen fiel!, ponte como un sello amoroso sobre mi corazón para que en ti y por ti sea encontrado fiel a Dios.

¡Oh Madre de bondad!, concédeme la gracia de contarme hoy en el número de aquellos a quienes amas, enseñas, nutres, diriges y proteges como a hijos tuyos.

¡Oh Reina del cielo!, no permitas que haya en mí algo que no sea tuyo, porque a ello renuncio ahora. ¡Oh Hija del Rey de reyes, cuya gloria principal se haya en el interior!, no permitas que me disipe en lo visible y pasajero.

Haz, más bien, que, mediante una abundancia de gracias, esté siempre ocupado dentro mí mismo, para encontrar allí a Dios, mi delicia, mi tesoro, mi honor, mi gloria y mi descanso; y a fin de que por medio del Espíritu Santo, tu Esposo fiel, y de ti, fiel Esposa suya, Jesucristo, tu Hijo, sea formado en nuestros corazones para la mayor gloria de Dios Padre por todos los siglos de los siglos.

Amén.

Esta hermosa devoción, que también se conoce como Coronilla de Alabanzas a la Santísima Virgen María, ha caído en desuso actualmente pero es una de las prácticas recomendadas por San Luis María Grignion de Montfort en su libro “Tratado de la Verdadera Devoción” (234-235).

Nos dice San Luis Ma. que se reza la Coronilla “para honrar los doce privilegios y grandezas de la Santísima Virgen”. Añade que esta práctica es muy antigua y tiene su fundamento en la visión de San Juan en el Apocalipsis, donde vio una Mujer en el cielo, vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza (ver Ap 12,1). Esa Mujer es María.

 

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