Comentario del Evangelio, San Lucas 1, 57-66 CATOLICO

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida".

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«Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón»

Un recuerdo del Poder de Dios.

¿Quién de nosotros no tiene un recuerdo del Poder de ese Dios que cuando creíamos y estábamos seguros de que todo estaba perdido nos dijo: «tranquilos, yo estoy aquí»?

Es el recuerdo de una realidad mística que nos supera. No sólo es verdad lo que nos preocupa en nuestro día a día. De hecho, eso es lo que menos es verdad.

La verdad, o mejor dicho la Verdad con mayúsculas, es algo que tiene que ver con la Gloria de Dios, con el creador que da su aliento a toda creatura.

En esa verdad tienen sentido todas nuestras pequeñas realidades. En Dios todo toma su equilibrio y su lugar.

En vano nos preguntamos por depresiones y confusiones en nuestras vidas si no damos lugar a Dios. Y no cualquier lugar, sino un lugar central.

La incredulidad de Zacarías no consistió en dudar de que el anuncio viene de parte de Dios, sino en considerar sólo la incapacidad suya y la de su mujer, olvidándose de la omnipotencia divina. El mismo arcángel explicará a la Virgen, que para Dios no hay nada imposible.

Debemos creer sin dudar. Como ese Zacarías que aprendió luego de sufrir su mudez por algunos meses, que del oráculo del Señor no había nada que cuestionar. Y su hijo se llamaría Juan, y entonces Zacarías recuperó la fe, y con ella el habla.

Que el Señor nos de la Gracia de aprender de sus Santos. De sentir con ellos, de tomar nota de sus errores y de sus aciertos. Porque su Gracia nos llega de muchas maneras, y está en nosotros recibirla. Está en nosotros abrirnos en su sancta sanctorum, donde nuestras dudas se harán una sola certeza, en Cristo nuestro Señor.

Que así sea.

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