Comentario del Evangelio, San Lucas 5, 17-26 CATOLICO

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida".

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«¿Quién es este que blasfema? ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?»

Los fariseos decían bien en este caso. Cristo en este pasaje está confesando su naturaleza divina, al perdonar públicamente los pecados. Sólo Dios puede hacerlo, pero ocurre justamente que Jesús es Dios.

Este punto de nuestra fe es fundamental. Jesús no es sólo un maestro espiritual, o un fundador de una religión. Él es el que es. Él es Dios mismo. Dios Hijo, parte de la santísima trinidad, y persona divina.

Casi todos los eruditos (aún aquellos no cristianos o hasta ateos) reconocen que Jesús fue un gran maestro moral.

Por ejemplo el sabio judío Joseph Klausner escribió, “Es universalmente admitido… que Cristo enseñó las más puras y sublimes éticas”.

Algunos han tratado de separar las enseñanzas de Jesús sobre moral, de las afirmaciones que Jesús hizo sobre sí mismo, llamándose Hijo de Dios y uno con el Padre.

Buscan demostrar que Jesús fue simplemente un gran hombre que enseñó elevados principios morales, un antiguo gurú, una especie de Deepak Chopra, o Paulo Coelho de la antigüedad. Esta es una gran mentira fácil de demostrar.

Claramente, desde los primeros años de la iglesia, Jesús fue llamado Señor y considerado por la mayoría de los cristianos como Dios.

Aunque libros como El Código Da Vinci argumentan que la divinidad de Jesús fue una doctrina tardía de la iglesia, la evidencia muestra lo contrario. Las primeras comunidades cristianas ya insistían que Jesús es Dios. Esa creencia puede ser trazada hasta los seguidores inmediatos de Jesús.

Incluso una lectura superficial de los evangelios revelan que Jesús afirmaba ser alguien más que un profeta como Moisés o Daniel. Pero es la naturaleza de esas afirmaciones lo que nos preocupa. Dos preguntas son dignas de atención.

¿Realmente afirmó Jesús ser Dios?

Cuando él dice “Dios,” ¿Jesús realmente quiso decir que Él era el Creador del universo del que se habla en la Biblia Hebrea?

Debemos partir de las palabras de Jesús en San Mateo 28:18: “Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra.” ¿Qué quiso decir Jesús cuando afirmó tener toda autoridad en el cielo y en la tierra?

Filipenses 2:6-11 nos dice que aunque Jesús había existido en forma de Dios, se “vació” de los poderes de Dios para ser hecho un ser humano, y el mismo pasaje nos dice que después de su resurrección Jesús fue restaurado a su gloria anterior, y que un día “toda rodilla se doblará ante Él como Señor.”

Jesús se refiere varias veces a sí mismo con el título que la Biblia sólo daba a Dios, «EL QUE ES», el «YO SOY EL QUE SOY». Así lo hizo en:

“Yo soy la resurrección y la vida.” (Juan 11:25)

“Yo soy la luz del mundo.” (Juan 8:12)

“Yo y mi padre somos uno.” (Juan 10:30)

“Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Ultimo, el Principio y el Fin.” (Apocalipsis 22:13).”

“Yo soy el camino, la verdad, y la vida.” (Juan 14:6)

“Yo soy el único camino al Padre [Dios].” (Juan 14:6)

“Si me has visto, has visto al Padre.” (Juan 14:9).

Como resultado, la afirmación del “YO SOY” de Jesús, enfureció a los líderes judíos. Una vez, por ejemplo, algunos líderes le explicaron a Jesús porque ellos estaban tratando de matarlo: “Porque tú, un simple hombre, te has llamado a tí mismo Dios” (Juan 10:33).

Jesús enseñó que él es Dios en la manera que los Judíos entendían a Dios y la manera que las Escrituras Hebreas retrataban a Dios, no en la manera en que el movimiento de Nueva Era entiende a Dios.

Es decir, Jesús no sólo es una energía divina, o una parte del todo divino. Él es persona divina, creadora y distinto en naturaleza de sus criaturas.

A pesar de ello hoy escuchamos tantas voces que ponen en duda o relativizan la divinidad de Cristo. Hasta algunos sacerdotes católicos rebeldes, desde el púlpito, o peor aún en publicaciones escritas y exposiciones públicas niegan su divinidad en este sentido, y hablan de la «gran persona que fue Jesús».

Pero si Jesús no era Dios, ¿podemos nosotros llamarlo un gran maestro moral, una buena persona?

C.S. Lewis argumentó, “Estoy aquí tratando de impedir a cualquiera, de decir la cosa realmente absurda que la gente a menudo dice de Cristo: ‘Estoy listo para aceptar a Jesús como un gran maestro moral, pero no acepto su afirmación de ser Dios.’ Esa es la única cosa que no debemos de decir.”

En su búsqueda de la verdad, Lewis supo que o Jesús era quien afirmaba ser—Dios encarnado, —o sus afirmaciones eran falsas. Y si ellas eran falsas, Jesús no podría ser un gran maestro moral. Él estaría mintiendo intencionalmente o sería un lunático con el complejo de Dios, en cualquiera de estos casos no sería una buena persona.

Entonces o Jesús es Dios, o es una mala persona, no queda punto medio. Las afirmaciones de Cristo Jesús nos obligan a escoger.

Como Lewis declaró, no podemos poner a Jesús en la categoría de ser solamente un gran líder religioso o un buen maestro moral:

“Usted debe hacer una elección. O este hombre fue y es el Hijo de Dios: o bien un loco o algo peor. Usted puede encerrarlo a Él como un tonto, usted puede escupirle a Él y matarlo como a un demonio o usted puede caer a sus pies y llamarlo Señor y Dios. Pero no se permita venir con ninguna afirmación condescendiente y sin sentido acerca de que es un gran maestro humano. Él no nos dejo esa posibilidad abierta a nosotros. No era su intención.”

La mejor explicación para la vida única, los milagros y las afirmaciones de Jesús es que él es Señor y Dios. El apóstol Pablo, escribe así:

“Pues Cristo es la expresión visible del Dios invisible. Existió antes de que empezara la creación, porque por Él fueron creadas todas las cosas, sean espirituales o materiales, visibles o invisibles… Es más, absolutamente toda cosa fue creada por medio y para Él… La vida de la nada inició por Él, y Él es, por lo tanto, Justificadamente llamado el Señor de todo.” (Colosenses 1: 15-17).

Por ello pidamos cada día al levantarnos, recordar en cada momento nuestro Credo, en especial cuando proclamamos sin lugar a dudas, a Jesucristo como nuestro Dios y Señor. De esa afirmación depende toda nuestra esperanza.

Que así sea.