Comentario del Evangelio, San Lucas 10, 21-24 CATOLICO

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida".

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«Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.»

Los «sabios y los inteligentes» no entienden la fe, y no pueden entender a la muchedumbre de los creyentes que reza, que cree en los milagros, que se agrupa por ejemplo alrededor del Santo Padre Pío, de San Judas Tadeo, de la medalla Milagrosa, de la Virgen de Lourdes o la de Fátima, de San Expedito o Santa Rita, de San Antonio de Padua o de San Benito, de San José o de otros santos del Señor que la tradición popular a querido elegir como sus intercesores ante Dios..

Esos sabios no entienden porque no aceptan los misterios. En cambio los creyentes, sabemos que no podemos comprender todas las verdades de la Fe, porque algunas son justamente eso, misterios. Y aún así las creemos con gran fe.

Misterios son verdades superiores a la razón, que hemos de creer aunque no las podamos comprender. Hemos de creer los misterios porque nos los ha revelado Dios, que, siendo la infinita Verdad y Bondad, no puede engañarse ni engañarnos.

Los misterios son superiores a la razón, mas no contrarios; antes bien, la misma razón nos persuade que los admitamos. Los misterios no pueden ser contrarios a la razón porque el mismo Dios que nos ha dado la luz de la razón, es quien nos ha revelado los misterios, y no puede contradecirse a Sí mismo.

El misterio de la navidad, del Dios que se hace hombre y viene a sufrir por amor, está siempre cerca de nosotros, y nos invita a vivir con gran fe y humildad toda su grandeza.

Misterios grandes como la Cruz, muerte y resurrección del Señor. Como misterio grande es la Santísima Trinidad y la virginidad perpetua de María, la sin pecado concebida.

Grandes misterios que nos llaman a la humildad. Para que el Señor alabe al Padre por nosotros, como lo hizo por esos pequeños que no podían sino seguir a ese Cristo que del todo no entendían, pero cuya divinidad reconocían de corazón.

El Señor nos de la Gracia de vivir en la fe de los pequeños. Una fe que nos libera del peso del orgullo y la vanidad.

Que así sea.