Comentario del Evangelio, San Mateo 8, 5-11 CATOLICO

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida".

635
Comentario del Evangelio, San Mateo 8, 5-11 CATOLICO

«Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe.»

¿En qué consiste la fe? Por ella «el hombre se entrega entera y libremente a Dios, le ofrece «el homenaje total de su entendimiento y voluntad», asintiendo libremente a lo que Dios revela».

Así pues, la fe no es sólo adhesión de la inteligencia a la verdad revelada, sino también obsequio de la voluntad y entrega a Dios, que se revela. Es una actitud que compromete toda la existencia.

La fe, por una parte, hace acoger la verdad contenida en la Revelación

y propuesta por el magisterio de quienes, como pastores del pueblo de Dios, han recibido un «carisma cierto de la verdad». Por otra parte, la fe lleva también a una verdadera y profunda coherencia, que debe expresarse en todos los aspectos de una vida según el modelo de la de Cristo.

Al ser fruto de la gracia, la fe influye en los acontecimientos. Se ve claramente en el caso ejemplar de la Virgen santísima. En la Anunciación, su adhesión de fe al mensaje del ángel  es decisiva incluso para la venida de Jesús al mundo. María es Madre de Cristo porque antes creyó en él.

En las bodas de Caná, María por su fe obtiene el milagro. Ante una respuesta de Jesús que parecía poco favorable, ella mantiene una actitud de confianza, convirtiéndose así en modelo de la fe audaz y constante que supera los obstáculos.

Audaz e insistente fue también la fe de la cananea. A esa mujer, que acudió a pedirle la curación de su hija, Jesús le había opuesto el plan del Padre, que limitaba su misión a las ovejas perdidas de la casa de Israel. La cananea respondió con toda la fuerza de su fe y obtuvo el milagro: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas» (Mt 15, 28).

En muchos otros casos el Evangelio testimonia la fuerza de la fe. Jesús manifiesta su admiración por la fe del centurión: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande» (Mt 8, 10). Y a Bartimeo le dice: «Vete, tu fe te ha salvado» (Mc 10, 52). Lo mismo repite a la hemorroísa (cf. Mc 5, 34).

Las palabras que dirige al padre del epiléptico, que deseaba la curación de su hijo, no son menos impresionantes: «Todo es posible para quien cree» (Mc 9, 23).

La función de la fe es cooperar con esta omnipotencia. Jesús pide hasta tal punto esta cooperación, que, al volver a Nazaret, no realiza casi ningún milagro porque los habitantes de su aldea no creían en él (cf. Mc 6, 5-6). Con miras a la salvación, la fe tiene para Jesús una importancia decisiva.

San Pablo desarrollará la enseñanza de Cristo cuando, en oposición con los que querían fundar la esperanza de salvación en la observancia de la ley judía, afirmará con fuerza que la fe en Cristo es la única fuente de salvación: «Porque pensamos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley» (Rm 3, 28). Sin embargo, no conviene olvidar que san Pablo pensaba en la fe auténtica y plena, «que actúa por la caridad» (Ga 5, 6). La verdadera fe está animada por el amor a Dios, que es inseparable del amor a los hermanos.

Por San JUAN PABLO II – AUDIENCIA. Miércoles 18 de marzo de 199

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here