Comentario del Evangelio, San Mateo 4,18-22 CATOLICO

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida".

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«Síganme, y yo los haré pescadores de hombres». 

La mamá de nuestra querida Santa Madre Teresa de Calcuta le dejó un consejo a su hija, cuando esta estaba en tiempo de definición vocacional, que la marcó para toda la vida. Le dijo: “´Pon tu mano en Su mano (la de Jesús) y camina sola con Él. Camina sola hacia delante, porque si miras atrás, volverás`.

Estas palabras de despedida de su madre se grabaron profundamente en el corazón de Gonxha Agnes Bojaxhiu, la futura Madre Teresa, al dejar su hogar en Skopje para comenzar su vida como misionera a los dieciocho años.

Jesús llama, no obliga, pero si respondes te comprometes con un Dios que es fiel a sus promesas y que te exige fidelidad. No puedes decirle hoy a Jesús “sí Señor, te seguiré y pescaré almas para ti y le hablaré a otros de ti” para luego simplemente dar la vuelta y continuar tu vida por otro camino.

Este es un viaje de valientes pescadores hacia la eternidad y no de cobardes emocionados del momento; pescarás para Cristo no para tu propia gloria, pescando almas con el anzuelo del amor y con la red de la Gracia de Dios. Almas pescadoras, peregrinas por el mundo hacia el encuentro con su Señor y Salvador en la eternidad, engrandeciendo la familia de Dios.

Para pescar almas, debemos ante todo, predicar con el ejemplo. Y por eso rezar mucho para mantenernos en el camino de Cristo en cada momento, y en cada cosa que hacemos en nuestro día.

Decía San José María Escrivá de Balaguer: «El camino del cristiano, el de cualquier hombre, no es fácil. Ciertamente, en determinadas épocas, parece que todo se cumple según nuestras previsiones; pero esto habitualmente dura poco.

Vivir es enfrentarse con dificultades, sentir en el corazón alegrías y sinsabores; y en esta fragua adquirir fortaleza, paciencia, magnanimidad, serenidad.»

Mantener la unión con el Señor, al enfrentarse a la vida, es la primera y más sencilla misión a la que estamos llamados, porque los misioneros de Cristo pescamos con un anzuelo poderoso, que es dar testimonio de nuestro Señor con nuestras vidas, que sin Él serían como hoja al viento, como un barco errante sin timón.

«Navega mar adentro y echa las redes», nos dice Jesús en otra parte de su Evangelio. En ese navegar debemos recordar que Él es el que guía nuestro camino. Nuestra tarea es sólo tomarnos bien fuerte de su mano. Y la pesca estará asegurada.

Que así sea.

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