Comentario del Evangelio, San Mateo 25,31-46 CATOLICO

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida".

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«Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo.»

Iniciamos la reflexión de este fragmento del Evangelio que hoy leemos con una oración profundamente sentida:

¡Señor, en Ti deposito toda mi confianza. Tú eres mi esperanza, Tú mi confianza; Tú mi consolador, y muy sostenedor en todas las cosas. Todos los de este mundo terrenal buscan mayormente sus intereses; Tú Señor, sólo tú eres mi salud y mi todo y en Ti todas las cosas se convierten en bien!

En esa confianza pasamos a reflexionar sobre la segunda venida de Cristo y el fin del mundo, un tema que es preciso entender bien. La Iglesia desde siempre recomienda pensar mucho y frecuentemente en las postrimerías, es decir nuestra muerte personal, el fin del mundo y el juicio final.

La Segunda Venida o Parusía se producirá, en el fin de los últimos tiempos, y en ella Cristo llevará a cabo el juicio de las naciones, que no es el juicio final, sino el castigo a los impíos y el premio a los que le fueron fieles.

Será el retorno de Jesús en su gloria, antes de su postrera venida para el Juicio Final, cuya hora está, no obstante, todavía escondida en los secretos del Padre.

En la segunda venida se produce la primera resurrección, la de los que murieron en Cristo (esto es, la de los mártires provocados por la persecución del anticristo y la de los que murieron en gracia creyendo en Cristo). Luego, en el fin del mundo, se producirá la segunda resurrección o resurrección general, para el juicio universal o final.

Con la parusía o segunda venida, cristo instaura nuevos cielos y nueva tierra. Y todos los hombres pertenecerán al mismo rebaño (la iglesia católica) y serán pastoreados por un mismo pastor (el Papa) (jn 10,16).

Sobre el tema puntual del fin del mundo, nos iluminamos junto a nuestro querido Papa emérito Benedicto XVI_

«En la conclusión de su primera carta a los Corintios, san Pablo repite y pone también en labios de los Corintios una oración surgida en las primeras comunidades cristianas del área de Palestina: Maranà, thà! que literalmente significa «Señor nuestro, ¡ven!» (1 Co 16, 22). Era la oración de la primera comunidad cristiana; y también el último libro del Nuevo testamento, el Apocalipsis, se concluye con esta oración: «¡Ven, Señor!». ¿Podemos rezar así también nosotros? Me parece que para nosotros hoy, en nuestra vida, en nuestro mundo, es difícil rezar sinceramente para que acabe este mundo, para que venga la nueva Jerusalén, para que venga el juicio último y el Juez, Cristo. Creo que aunque, por muchos motivos, no nos atrevamos a rezar sinceramente así, sin embargo de una forma justa y correcta podemos decir también con los primeros cristianos: «¡Ven, Señor Jesús!».

Ciertamente, no queremos que venga ahora el fin del mundo. Pero, por otra parte, queremos que acabe este mundo injusto.

También nosotros queremos que el mundo cambie profundamente, que comience la civilización del amor, que llegue un mundo de justicia y de paz, sin violencia, sin hambre. Queremos todo esto. Pero ¿cómo podría suceder esto sin la presencia de Cristo?

Sin la presencia de Cristo nunca llegará un mundo realmente justo y renovado. Y, aunque sea de otra manera, totalmente y en profundidad, podemos y debemos decir también nosotros, con gran urgencia y en las circunstancias de nuestro tiempo: ¡Ven, Señor! Ven a tu modo, del modo que tú sabes.

Ven donde hay injusticia y violencia. Ven donde domina la droga. Ven también entre los ricos que te han olvidado, que viven sólo para sí mismos. Ven donde eres desconocido. Ven a tu modo y renueva el mundo de hoy. Ven también a nuestro corazón, ven y renueva nuestra vida. Ven a nuestro corazón para que nosotros mismos podamos ser luz de Dios, presencia tuya.

En este sentido oramos con san Pablo: Maranà, thà! «¡Ven, Señor Jesús»!, y oramos para que Cristo esté realmente presente hoy en nuestro mundo y lo renueve.»

Que así sea.