Comentario Evangelio San Lucas 19,11-28 Católico

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida".

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«…sus conciudadanos lo odiaban y enviaron detrás de él una embajada encargada de decir: ‘No queremos que este sea nuestro rey’…

En cuanto a mis enemigos, que no me han querido por rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia».

Otra vez nos encontramos con estos pasajes de la Biblia que nos desconciertan.

Si Dios es todo amor y toda misericordia… ¿Cómo es que Cristo cuenta una parábola donde la conclusión de la misma es una condena a muerte de los enemigos?

No debemos acomplejarnos, ni tratar de ocultar estas partes de la Sagrada Escritura. Ni tampoco recurrir a explicaciones para dulcificar el mensaje.

Más bien, debemos tomar el mensaje tal cuál el Señor nos lo ha querido dar. Si Cristo hubiera querido decir otra cosa, hubiera elegido otras palabras.

El mensaje es claro: para los que odian el reino de Dios, para los que no quieren a Dios cómo Señor, si no encuentran el arrepentimiento en el camino, hay un futuro muy sombrío. La condenación eterna.

Decir «mátenlos en mi presencia», no es más grave que decir serán condenados al infierno por toda la eternidad.

Y sabemos porque así lo enseña la Santa Iglesia que el infierno es una realidad, y que los que rechacen el don de Dios y se cierren al amor divino voluntariamente hasta el final serán merecedores de ese destino.

El aviso es oportuno, y el Señor avisa porque ama, porque quiere que nos salvemos.

Jesús no está mandando matar a nadie. No está hablando de enemigos en el sentido que lo entiende el mundo. Está hablando en el plano espiritual, refiriéndose a la salvación de las almas.

Como el mismo Credo nos enseña, después de la vida presente, hay otra, o eternamente bienaventurada para los escogidos en el cielo o eternamente infeliz para los condenados al infierno.

La infelicidad de los condenados consiste en ser privados por siempre de la vista de Dios y castigados con eternos tormentos en el infierno.

Los bienes del cielo y los males del infierno son ahora únicamente para las almas, porque solamente las almas están ahora en el cielo o en el infierno; pero después de la resurrección, los hombres serán o felices o atormentados para siempre en alma y cuerpo.

Por estas realidades, conviene pensar todos los días en nuestras Postrimerías (la muerte y el juicio final), y sobre todo en la oración de la mañana al despertarnos, a la noche antes de acostarnos, y siempre que nos sintiéremos tentados, porque este pensamiento es eficacísimo para hacernos huir del pecado.

El que tiene conciencia cierta, o dudosa, de haber cometido algún pecado debe hacer inmediatamente un acto de contrición y procurar confesarse cuanto antes.

Es muy bueno y provechosísimo hacer a menudo el acto de contrición, mayormente antes de acostarse y cuando uno advierte o duda haber caído en pecado mortal, a fin de recobrar cuanto antes la gracia de Dios, lo cual ayuda sobre todo para obtener más fácilmente de Dios la gracia de hacer un acto semejante en la mayor necesidad, que es el trance de la muerte.

Debemos buscar por todos nuestros medios mantener la amistad con Dios, y hacer progresar los talentos que nos ha dado, confiando en que la Gracia divina hará el resto.

Señor ten piedad de nosotros, infunde en nuestros corazones tu Espíritu de verdad y vida, para que seamos dignos de las promesas de nuestro Salvador Jesucristo.

Que así sea.