Comentario Evangelio San Lucas 19, 1-10 Católico

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida".

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«Todos murmuraban, diciendo: «Se ha ido a alojar en casa de un pecador». 

Zaqueo dijo resueltamente al Señor: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más».

Y Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, … porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido». 

En esta escena encontramos una gran luz para ver mejor la llamada de Cristo a seguirlo y a recibir de Él la salvación de Dios.

Primero la Misercordia de Dios que llama, luego el arrepentimiento y reparación del mal, y finalmente otra vez la Misericordia divina que salva.

Es decir, Dios nos llama independientemente de nuestro pasado, y en este llamado hay una muestra clara de su gran misericordia, porque somos conscientes de cuántas veces hemos ofendido a Dios con nuestros pensamientos, palabras y acciones.

Luego para que esta misericordia pueda ser eficiente en nosotros debemos dar una respuesta humilde y diligente a la llamada.

Zaqueo, el público pecador, responde a Cristo inmediatamente. No duda, ni pone excusas.

Zaqueo hace una confesión de haber perjudicado a muchos y expresa un arrepentimiento por sus acciones. Para llegar a ello parte de una sinceridad consigo mismo, y una gran sencillez para reconocer la verdad que lo culpaba.

Y de ese arrepentimiento, nace en Zaqueo un deseo de reconciliarse lo más pronto posible con ese Dios que lo llama. Entonces, para reconciliarse, descubre que debe reparar el mal cometido. Y sin que Jesús se lo pida, ofrece generosamente darse por entero para que esa reparación se haga realidad.

Luego de la respuesta de Zaqueo, nuevamente la Misericordia divina se hace protagonista. La Salvación de Dios llega a ese pecador llamado por Dios a pesar de su pasado, arrepentido y dispuesto a reparar el mal.

El Señor lo recibe en su Gloria, y todo se ilumina en su vida. Suelta las falsas riquezas y toma las verdaderas. Expulsa de su corazón el amor egoísta y se llena del amor de Dios. Recibe a Cristo en su casa, y haciendo así se salva.

Es una enseñanza muy profunda y completa. Cada uno de estos pasos son necesarios para salvarnos.

Saber que Dios siempre nos llama sin importar nuestro pasado.

Estar dispuestos a confesar humildemente nuestra miseria, arrepentirnos y reparar generosamente cualquier mal que hayamos cometido.

Y finalmente, tener confianza absoluta que esa respuesta generosa a la llamada del Señor, será premiado con los bienes más valiosos a los que podamos aspirar. Los bienes eternos que no tienen fin, que nacen de la Misericordia de Dios y que a ella se dirigen. Son esos bienes espirituales, y no los materiales, los que nos salvan.

Señor, te pedimos humildemente, entra a nuestra Casa y danos tu Gracia para que siempre aspiremos a la verdadera riqueza y demos a tu llamada una respuesta rápida, sencilla y generosa.

Que así sea.