Comentario Evangelio San Mateo 25, 14-30 Católico

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida"

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«… a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. 

Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes.»

¿Es este el Dios lleno de misericordia que tanto representamos hoy?

¿Puede ser verdad lo que dice la Sagrada Escritura, de que Jesús contó esta parábola con este final tan duro?

Es que nuestra fe no es un juego, no es un hobby.

Nuestra fe es una decisión radical. Un antes y un después que lo cambia todo.

Luego está la verdadera misericordia, que es lo contrario de la cobardía de no decir la verdad para quedar bien con todos.

Misericordia se tiene con el que se acerca a un grave peligro, avisándole, y haciéndolo a tiempo. Y si no quiere escuchar incluso gritándole.

Pensemos por un momento en uno que llega a accionar una palanca o una llave de luz que está en cortocircuito.

Sabemos que si la toca con las manos se electrocutará y morirá instantáneamente.

¿No haremos todo lo posible para avisarle que no la toque?

Y si fuera necesario… ¿No le gritaríamos y empujaríamos con tal de salvarlo, aunque no entienda y se sienta quizás agredido por su eventual salvador?

Así actúa a veces la misericordia divina. No siempre es una elección «políticamente correcta». No siempre es algo que agrada. Pero siempre es algo que mira al bien y a la verdad del amado.

La verdadera misericordia nos ayuda a salvarnos. Piensa más en el alma y en la eternidad, que en nuestra sensibilidad actual y lo que nos pasa hoy.

Miremos a la Cruz de Cristo. Veamos todo lo que pasó el Señor por amor a nosotros. Y entonces recordemos estas advertencias.

Quién conscientemente le dice no a la Gracia de Dios, quién decide esconder sus talentos, y pasar por la vida como si Dios no existiera, se está condenando a sí mismo.

No es Dios el que lo condena.

Igual que el alumno que sabiendo que tiene un examen y decide no estudiar. No es el profesor el que lo reprueba, sino que el profesor lo único que hace es constatar que el alumno no estudió. Es el alumno el que se reprueba  a sí mismo en el momento que decide no estudiar.

Así es con la vida del Espíritu. Jesús nos ha avisado. Vino al mundo y murió en la Cruz por nosotros. Resucitó y todo el mundo de su tiempo recibió la catarata de Luz de la Evangelización que llega hasta nuestro tiempo. Se ha donado a nosotros y nos espera en la Eucaristía.

Ahora, si nosotros decidimos no ir a visitarlo, somos nosotros los que le damos la espalda, los que escondemos nuestros talentos.

Si decidimos comprar una cultura sin Dios, con películas y televisión que no nos hablan para nada de Cristo y su Iglesiac con celulares e internet dedicados a cosas que nada tienen que ver con Dios, con grandes luchas para tener esto o aquello o pasar por tal o cual experiencia, en todas cosas en las que tampoco está invitado Dios. ¿No estamos rechazando la invitación de Dios de vivir en Cristo, por Cristo y con Cristo?

Recordemos la advertencia del Señor. Existe infierno, y el que no lo crea, lamentablemente se enterará cuando muera.

Pidamos al Señor que la muerte nos encuentre confesados y en Gracia de Dios.

Que así sea.