Comentario Evangelio 17, 7-10 Católico

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida".

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Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”

Obedecer a Dios es nuestro deber y a la vez es nuestra salvación. En cumplir la voluntad de Dios encontramos la única felicidad verdadera y duradera.

Servir a Dios es seguir a Cristo, es hacerse sus discípulos.

No servir a Dios es imitar a los demonios, los que se rebelaron contra el Creador y se manifestaron con su “non serviam”, osea “no serviré”, tal como la tradición de la Iglesia enseña que dijo Lucifer.

Los mandamientos de la Ley de Dios tienen este nombre porque el mismo Dios los ha impreso en el alma de todo hombre, los promulgó en la antigua Ley sobre el monte Sinaí, grabados en dos tablas de piedra, y Jesucristo los ha confirmado en la Ley nueva.

Estamos obligados a guardar los mandamientos, porque todos hemos de vivir según la voluntad de Dios, que nos ha creado, y basta quebrantar gravemente uno solo para merecer el infierno.

La Iglesia nos enseña que está en nuestro poder guardar estos mandamientos con la gracia de Dios, quien siempre está pronto a darla a quien debidamente se la pide.

Los mandamientos de la Ley de Dios son diez:

Yo soy el Señor Dios tuyo.

El 1º Amarás a Dios sobre todas las cosas.

El 2º No tomarás el nombre de Dios en vano.

El 3º Santificarás las fiestas.

El 4º Honrarás a tu padre y a tu madre.

El 5º No matarás.

El 6º No cometerás actos impuros.

El 7º No hurtarás.

El 8º No dirás falso testimonio ni mentirás.

El 9º No consentirás pensamientos ni deseos impuros.

El 10º No codiciarás los bienes ajenos.

Además de los mandamientos de la ley de Dios hemos de guardar los mandamientos de la Santa Madre Iglesia.

Sin duda ninguna, estamos obligados a obedecer a la Iglesia, porque Jesucristo mismo lo manda, y porque los mandamientos de la Iglesia ayudan a guardar los mandamientos de la ley de Dios.

Quebrantar a sabiendas un mandamiento de la Iglesia en materia grave es pecado mortal.

Los mandamientos más generales de la Santa Madre Iglesia son cinco:

El 1º. Oír Misa entera todos los domingos y fiestas de guardar.

El 2º. Confesar los pecados mortales al menos una vez al año y en peligro de muerte y si se ha de comulgar.

El 3º. Comulgar frecuentemente y por lo menos en Pascuas.

El 4º. Ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia.

El 5º. Ayudar a la Iglesia en sus necesidades.

Pidamos al Señor la Gracia necesaria para cumplir siempre los mandamientos, como forma segura de obedecer la voluntad de Dios y servirlo con nuestro testimonio.

También pidamos la Gracia de que cuando esto sea hecho, mantengamos la humildad de decir: “somos siervos inútiles, sólo cumplimos con nuestro deber”.

Que así sea.

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