Comentario Evangelio San Lucas 17, 1-6 Católico

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida".

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«Señor: «Auméntanos la fe». 

Es el pedido que hacen los discípulos a Cristo, sintiéndose débiles para afrontar los desafíos que el Señor les dejaba en su prédica.

Es que las palabras del Señor en el fragmento de su Santo Evangelio que hoy leemos, nos ordenan cumplir una conducta que va más allá de lo instintivo. Es una Gracia sobrenatural la que el Señor nos pide.

Hace falta mucha fe. Y la Fe no es otra cosa que una virtud sobrenatural, infundida por Dios en nuestra alma, y por la que creemos como verdad indubitable todo lo que Dios nos ha revelado y por medio de la Iglesia nos propone creer.

Ahora ¿Cuáles son las enseñanzas de Cristo que motivaron a los apóstoles a pedir con tanta humildad el aumento sobrenatural de su fe?

El mandamiento de perdonar siempre al que se arrepiente, y el que manda evitar escandalizar a los pequeños.

«Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo.»

Este mandamiento va más allá de nuestra naturaleza humana. Porque instintivamente, frente a una ofensa experimentamos dolor, rabia y rencor. Sólo la fe nos puede llevar a perdonar como Cristo perdonó en su Cruz.

Pero el Señor va más allá. No sólo nos pide perdonar al arrepentido una vez. Nos pide perdonar siempre.

«Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’, perdónalo». 

Sólo el amor a Cristo, y por Él al prójimo, y la vista puesta en la esperanza de la vida eterna, nos pueden permitir, con la Gracia del Señor, llevar esto a la realidad diaria de nuestra vida.

Luego Jesús pide algo, que quizás en principio nos parezca más fácil de cumplir, pero que analizándolo bien es aún más difícil que lo anterior.

«Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños.»

Escandalizar es poner un tropiezo en la vida espiritual de los pequeños en la fe que nos miran.

No debemos entender por escándalo, sólo el faltar a la pureza públicamente o cometer otro pecado grave y evidente, sino que basta un pequeño tropiezo que causemos en la conciencia del prójimo para caer en este grave pecado del cual el Señor nos advierte con tanta vehemencia.

Es que dando mal testimonio en cualquier aspecto de nuestra vida, podemos ser motivo de escándalo, es decir freno o muralla para el crecimiento espiritual de nuestros hijos, nietos y personas que el Señor pone en nuestro camino, cuando no están aún suficientemente formados en la fe.

Por ejemplo, si mostramos una actitud orgullosa, no dispuesta a reconocer errores, que prefiere no aprender a humillarse y que se cierra en defenderse en vez de estar abierta a correcciones, enseñaremos a quienes nos miran, a no aprender y a tener la misma actitud cerrada.

Y claro que esa actitud es una muralla que se le pone a la infinita Gracia de Dios que sólo nos pide ser humildes para actuar su salvación y sanación en nosotros.

Otro ejemplo sencillo, es cuando en nuestra vida actuamos relegando a Dios a un lugar pequeño de nuestra vida, sin darle importancia a la oración, a la misa, a la vida de sacramentos.

¿Cuánto más difícil es para el niño que crece en una familia así dar lugar a Dios en su vida? Y cómo podrá ese niño tener la luz de Dios de esa manera? La Gracia del Señor lo puede todo, pero de nuestra parte si actuamos así nos transformamos en un obstáculo.

Otros ejemplos más. Cuando si bien vamos a misa y rezamos diariamente, actuamos sólo pensando en el dinero, o de manera egoísta, o nos dejamos llevar por el chisme y la murmuración, por la envidia y los celos, o no tenemos paciencia y corregimos violentamente.

¡Ay de nosotros que escandalizamos así a nuestros pequeños!

Nuestro consuelo es la misericordia de Dios, y la certeza que si le pedimos la fe nos la dará, siempre que lo hagamos con insistencia, y poniéndonos en estado de Gracia.

Entonces, cuando llegue la fe suficiente, podremos seguir a Cristo por ese camino sobrenatural y maravilloso al que nos llama.

Así, ningún obstáculo nos impedirá avanzar en el camino de la santidad, y tampoco seremos obstáculo para la santidad de nuestros pequeños.

Pidamos al Señor nos aumente la fe, y recordemos sus potentes palabras:

«Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, ella les obedecería.»

Que así sea.

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