Comentario del Evangelio, San Lucas 14,12-14 Católico

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida".

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«…invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos.

¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!”.

Dar para recibir no es caridad, no es amor verdadero. El amor verdadero es el que refleja el Espíritu de Dios.

El amor verdadero da sin cálculo. Da incluso contra los cálculos humanos.

¿Invitar a un indigente a nuestro cumpleaños, o a una cena de amigos?

Es algo que en los cálculos humanos no va. Pero hecho con generosidad, es como invitar a Cristo a nuestra vida.

San Pablo decía que la caridad (o el amor según las traducciones) es paciente, es servicial, no es envidioso, no es presumido, no es vanidoso, no es mal educado, no es egoísta, no se irrita, no lleva cuentas del mal, no se alegra por la injusticia, se alegra por la verdad, disculpa todo, cree todo, espera todo, aguanta todo, EL AMOR (la caridad), ¡JAMAS SE ACABA!; como Dios es eterno, y siendo parte esencial del ser divino, la caridad es eterna.

Caridad es una virtud sobrenatural infundida por Dios en nuestra alma, con la que amamos a Dios por Sí mismo sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios.

Amar a Dios sobre todas las cosas quiere decir que le hemos de preferir a todas las criaturas más queridas y perfectas y estar dispuestos a perderlo todo antes que ofenderle y dejar de amarle.

Hemos de amar al prójimo porque Dios lo manda y porque todo hombre es imagen suya.

Estamos obligados a amar aún a los enemigos, porque también son nuestro prójimo y porque Jesucristo lo mandó expresamente.

Amar al prójimo como a nosotros mismos quiere decir desearle y hacerle en cuanto sea posible el bien que debemos querer para nosotros y no desearle ni hacerle mal alguno.

Nos amamos a nosotros mismos como debemos cuando buscamos el servicio de Dios y ponemos en El toda nuestra felicidad.

Pidamos al Señor la Gracia de tener un amor puro como el suyo, que dirija la caridad al que la necesita, sin pensar en conveniencias humanas. Recemos para ello diariamente la oración «actos de fe, esperanza y caridad», que tan calurosamente han recomendado los Papas.

Que así sea.

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