Comentario del Evangelio San Lucas 14,1-6 Católico

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida".

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¿…curar en sábado…?

La ley de Dios está inspirada en el Espíritu Divino. Es un todo, que tiene sentido en ese Espíritu. Tomar una parte de la ley de Dios y querer interpretarla aisladamente del resto es deformar la voluntad de Dios.

Por eso es muy dañina la pretensión de los judíos del tiempo de Cristo de tomar las leyes del Sabath y hacer de ellas una excusa para derogar las leyes de la caridad al prójimo que ya se insinuaban en el antiguo testamento, y se hacen mucho más claras en el nuevo.

Vemos la caridad en el Antiguo testamento en la figura del Padre amoroso encarnada en Abraham, Isaac y Jacob. La vemos en la manera en que José perdona a sus hermanos en Egipto y se ocupa de todos ellos. La vemos cuando Moisés se compadece del sufrimiento de su pueblo.

También hay algunas referencias a la caridad hacia los pobres (siempre entendidos como los pobres del pueblo de Dios). Así lo vemos en:

Isaías 58:10: «y si te ofreces al hambriento, y sacias el deseo del afligido, entonces surgirá tu luz en las tinieblas, y tu oscuridad será como el mediodía.»

Proverbios 19:17 «El que se apiada del pobre presta al SEÑOR, y El lo recompensará por su buena obra.»

Pero esta era una caridad limitada. Limitada a los hijos y la familia en el caso de los patriarcas. O limitada al Pueblo judío en el caso de Moisés. O a los pobres del pueblo judío en el caso de Isaías y proverbios.

Era una caridad al prójimo entendido este en manera de carnal. (con una leve excepción, quizás, de Éxodo 22: 21 donde se prescribe no maltratar al extranjero).

Cristo cambia el concepto de prójimo. Tu prójimo puede ser un samaritano (es decir alguien que no es de tu familia, ni de tu nación, e incluso alguien que pertenece a un pueblo que es enemigo del tuyo).

Con Cristo toma verdadero significado el Concepto de hermanos en cuanto criaturas de Dios. La vocación de la fe se hace universal, se hace «católica».

Sí es verdad que podemos ver en el Antiguo testamento, una caridad universal en Dios, que por ejemplo se compadece en el libro de Jonás de toda una ciudad pagana. Pero es claro que el Antiguo testamento subraya la Justicia Divina, mientras el nuevo subraya la Misericordia Divina. Pero ambos son coherentes entre sí, y no podríamos entender la Revelación de Dios sin uno de estos dos atributos principales del Divinidad.

La justicia es la primera exigencia y forma de la caridad, y una auténtica práctica de la justicia tiene que estar motivada por una fuerte carga de amor y desembocar en una práctica del servicio amoroso a los hermanos.

Justicia y amor, justicia y paz, van del brazo.

Es la visión escatológica de Isaías. Del monte de Dios desciende la ley, es decir, desciende la demanda de justicia. De la acogida de la ley nace la paz: “Forjarán arados de las espadas y hoces de las lanzas” (Is 2, 4).

Es en este sentido, en este Espíritu que las leyes del Sabath tienen su justo significado. El descanso semanal es para el hombre. Es decir el hombre necesita dedicar un día a Dios. Pero también el cumplir ese día las obligaciones que la caridad impone, es estar al servicio de Dios.

El Apóstol San Pablo lo expresa con claridad: «Me he hecho débil con los débiles para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos.» (1 Cor 9, 22). «…si no tengo caridad, no sería nada…La caridad nunca acaba…Ahora permanecen la fe, la esperanza, la caridad: las tres virtudes. Pero de ellas la más grande es la caridad…» (1 Co 12,31—13,13).

La caridad es la esencia de la perfección cristiana en cuanto es un amor a Dios y al prójimo que se esfuerza y manifiesta por la imitación de Cristo, un amor que Cristo nos exige a todos y que da pruebas de la nueva vida recibida del Señor.

Cristo curando en sábado, nos da un claro ejemplo de la jerarquía de la caridad frente a otras obligaciones emanadas de la fe. Nos aclara el Espíritu que inspira a la ley de Dios.

En este Espíritu, dejar de hacer la caridad, poniendo como excusa un acto de piedad, es apartarse del Espíritu de Dios, que nos hace sus hijos, es faltar a la obediencia debida a un Dios que nos ha dejado sus mandamientos no para oprimirnos, sino para santificarnos.

Que el Señor nos de la Gracia de hacernos fuertes con nuestras prácticas religiosas en su Espíritu, y de nunca poner excusas para faltar a la Caridad.

Que así sea.