Comentario del Evangelio, San Mateo 5,1-12a CATOLICO

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida".

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«Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo…»

El Señor nos ha llamado en sus bienaventuranzas a ser Santos como él lo es.

Ser santos con alma de pobres, santos siendo pacientes. Santos aún afligidos, viviendo hambre y sed de justicia. Santificando nuestros corazones siendo misericordiosos. Purificando en Dios todo, y todo viendo con corazón puro.

Santos que trabajan por la paz. Y que finalmente aceptan con paciencia ser perseguidos por practicar la justicia, y viven firmes en la esperanza manteniéndose en el Espíritu, aún cuando seamos insultados y perseguidos, y cuando se nos calumnie en toda forma a causa de Cristo.

El día primero de noviembre se celebra la fiesta de Todos los Santos.

La Iglesia ha instituido la fiesta de Todos los Santos:

1º para alabar y agradecer al Señor la merced que hizo a sus siervos, santificándolos en la tierra y coronándolos de gloria en el cielo;

2º, para honrar en este día aún a los Santos de que no se hace fiesta particular durante el año;

3º, para procurarnos mayores gracias multiplicando los intercesores;

4º, para reparar en este día las faltas que en el transcurso del año hayamos cometido en las fiestas particulares de los Santos;

5º, para excitarnos más a la virtud con los ejemplos de tantos Santos de toda edad, sexo y condición, y con la memoria de la recompensa que gozan en el cielo.

Ha de alentarnos a imitar a los Santos el considerar que ellos eran tan débiles como nosotros y sujetos a las mismas pasiones; que, fortalecidos con la divina gracia, se hicieron santos por los medios que también nosotros podemos emplear, y que por los méritos de Jesucristo se nos ha prometido la misma gloria que ellos gozan en el cielo.

La fiesta de Todos los Santos se celebra con tanta solemnidad porque abraza todas las otras fiestas que en el año se celebran en honor de los Santos y es figura de la fiesta eterna de la gloria.

Para celebrar dignamente la fiesta de Todos los Santos debemos:

1º, alabar y glorificar al Señor por las mercedes que hizo a sus siervos y pedirle que asimismo nos las conceda a nosotros,

2º, honrar a todos los Santos como a amigos de Dios e invocar con más confianza su protección;

3º, proponer imitar sus ejemplos para ser un día participantes de la misma gloria.

Que el Señor nos de la Gracia de querer ser santos, y nos asista para que venciendo a la tentación, lleguemos un día a estar llenos de Él, y vivir junto a Él por toda la eternidad.