Comentario del Evangelio, San Lucas 12, 39-48 CATOLICO

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida".

700

«El servidor que, conociendo la voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto, recibirá un castigo severo. 

… Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más.»

Los caminos de la fe parecen anchos cuando se comienza, pero a poco de andar nos damos cuenta de que la nuestra es una religión muy exigente.

El mismo Jesucristo nos lo dijo en varias oportunidades:

«Entren por la puerta angosta, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que conduce a la ruina, y son muchos los que pasan por él. Pero ¡qué angosta es la puerta y qué escabroso el camino que conduce a la salvación! y qué pocos son los que lo encuentran.» (Evangelio según San Mateo, : 13-14).

«El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.» (Evangelio según San Mateo, 10: 37).

«Jesús le contestó: «El que pone la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios.» (Evangelio según San Lucas, 9: 62).

«Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de Dios.» (Evangelio según San Marcos, 10: 25).

«Jesús le dijo: «Todavía te falta una cosa: vende todo lo que tienes, reparte el dinero entre los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; después ven y sígueme.» (Evangelio según San Lucas, 18:22)

El Señor nos pide mucho, porque mucho nos promete. Seguir a Cristo es darlo todo, para recibir todo:

«Y todo el que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o propiedades por causa de mi Nombre, recibirá cien veces más y tendrá por herencia la vida eterna.» (Evangelio según San Mateo, 19: 29).

Cambiar los contenidos de la fe, hacerla más «light», licuar los dogmas o relativizarlos, bajando las exigencias radicales del Evangelio, lejos de hacernos un bien, nos hace un gran mal.

Mentir sobre las exigencias que el discípulo de Cristo tiene, para contentarnos con la vana satisfacción de creernos en lo correcto hoy, es cerrar la puerta de la vida eterna.

Esta mirada superficial y alejada del camino de la Cruz de Cristo busca siempre sentirse en lo correcto y rechaza ser culpado, negando la posibilidad del castigo eterno, sólo para evitar la conciencia de la responsabilidad que la vida Cristiana significa.

En cambio, los santos han sido los primeros en reconocerse pecadores y ver su alma llena de defectos, y por ser conscientes de ello han perseverado tanto en trabajar en la oración y en la vida de penitencia y devoción, para atraer la Gracia de Dios.

Esa es la humildad necesaria. Ese es el inicio del camino de conversión continua. Esa es la obediencia a la orden que el Señor nos da en el Evangelio que hoy leemos: ¡Estemos preparados!

Que así sea.