Comentario del Evangelio, San Lucas 10,1-9 CATOLICO

La explicación del Padre Daniel del Santo Evangelio según San Lucas 10,1-9 (católico)

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¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.

El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió por delante, de dos en dos, a todas las ciudades y lugares adonde él tenía que ir. Y les decía. Mucha es la mies, pero pocos los obreros; rueguen, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

Vayan! Miren que los envío como corderos en medio de lobos.  No lleven bolsa, ni alforja, ni sandalias; ni saluden a nadie por el camino.

Vayan! Con esto se expresa la misión. Es misión, encargo de partir, caminar y obrar.

Sencillamente: Vayan. Este hecho de ser enviados por Jesús mismo, implica que el poder de Dios también los acompañará y armará.

Se retira a los discípulos todo aprovisionamiento y toda defensa humana. Son enviados indefensos, como corderos en medio de lobos. Israel se conoce como «oveja entre setenta lobos», pero confía también en que su gran pastor lo salva y lo custodia.

Los setenta enviados por Jesús son el núcleo del nuevo Israel. A los sufridos e inermes se promete el reino de Dios (Mat_5:3 ss). Jesús envía a los discípulos como pobres. Cuando no se tiene bolsa, alforja ni sandalias, es uno totalmente pobre. La pobreza es condición para entrar en el reino de Dios (Mat_6:20) y distintivo de los que lo anuncian.

Los discípulos deben tener constantemente ante los ojos su misión y no dejarse distraer por nada. No saluden a nadie por el camino. La entrega total a la misión no consiente las complicadas y largas fórmulas de cortesía de Oriente. En Lucas todos los mensajeros tienen prisa: María, los pastores, Felipe (Hec_8:30).

Desvalimiento y mansedumbre frente a la hostilidad, falta de hogar y pobreza, entrega total a la misión de anunciar el reino de Dios. Las primeras figuras de este anuncio son Jesús, los doce, los setenta discípulos.

Y en cualquier casa en que entren, digan primero: Paz a esta casa, y si allí hay alguien que merece la paz, se posará sobre él su paz; pero de lo contrario, retornará a ustedes. Permanezcan, pues, en aquella casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan; porque el obrero merece su salario. Y no se vayan de una casa a otra.

El método de misionar es natural y sencillo. Los misioneros van de casa en casa.

La misión cristiana se extiende de la casa a la ciudad. Paz a esta casa: esto es saludo y don. El anuncio y la proclamación comienza con deferencia y cortesía.

La paz que aporta el misionero de la salvación no da sólo salud y bienestar, que es lo que se sobrentiende en el saludo cotidiano «paz», sino el don de la salvación de los últimos tiempos. Los enviados cumplen la misión de Jesús, de la que se dice: «Tal es el mensaje que ha enviado (Dios) a los hijos de Israel anunciando el Evangelio de paz por medio de Jesucristo» (Hec_10:36).

Los discípulos deben comer y beber de lo que se les ofrezca. No deben preocuparse pensando que molestan indebidamente a quien les da hospitalidad. El quehacer de los enviados no debe verse entorpecido por preocupaciones de la tierra. Lo que reciben es justa compensación por lo que ellos aportan: su don es mayor. «El obrero merece su salario» (1Ti_5:18). «Si nosotros hemos sembrado para vosotros lo espiritual, ¿qué de extraño tiene que recojamos nosotros vuestros bienes materiales? » (1Co_9:11). Pero los discípulos deben también contentarse con lo que se les dé.

El que rechaza el anuncio del reino de Dios y así se cierra a Jesús, se atrae la sentencia de condenación. El desenlace de este juicio es más terrible que la condenación que se pronunció contra Sodoma. El juicio sobre esta ciudad nefanda ha venido a ser proverbial. La culpa de quien rechaza a Jesús y los bienes del reino de Dios es mayor que la culpa de Sodoma. La proclamación de los mensajeros de Jesús ofrece la gracia más grande y sitúa ante una decisión de conciencia cuya última consecuencia es la salvación o la sentencia condenatoria.(Homilia del Instituto del Verbo Encarnado)