Comentario del Evangelio, San Lucas 11,27-28 CATOLICO

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida".

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«Cuando Jesús terminó de hablar, una mujer … le dijo:

“¡Feliz el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron!”.

Jesús le respondió:

“Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican”.»

En esta escena está encerrada toda la sabiduría que necesitamos para, con la Gracia del Señor, cumplir la voluntad de Dios.

No se trata de una herencia de la carne. Nuestra fe no es algo que se adquiere por nacer en una familia católica, o por poner el cuerpo en la parroquia.

Tampoco nuestra fe es un talismán, no es andar tocando imágenes o dirigir los ojos al cielo cada vez que tenemos problemas y en el resto del tiempo actuar como si Dios no existiera, como si Jesucristo no se hubiera encarnado y dejado su enseñanza a la vez de su testimonio luminoso de pasión, muerte y resurrección.

Nuestra fe, es algo que da felicidad. Es algo que llena de verdad, que da una felicidad duradera.

¿Pero cómo puede dar felicidad una enseñanza que nos pide abrazar la Cruz?

Este misterio sólo se puede entender viviéndolo, dejándose guiar por Cristo, poniendo la adoración a Dios en el lugar central de nuestras vidas.

Y allí sí, nuestros ojos al Cielo serán capaces de ver por encima de la tormenta.

En ese amor es que nuestra caricias a las imágenes de Cristo, la Santísima Virgen y los Santos, serán la demostración de un amor que es obediencia y esperanza, y no simple superstición.

En esa luz del Señor seremos felices viviendo en su Iglesia, trabajando por nuestra familia Católica doméstica, por nuestra parroquia y por toda la Iglesia, siempre todo centrado en Cristo.

Allí seremos felices, más allá de la Cruz, y precisamente pasando por la Cruz, para hacernos uno con Cristo en su resurrección.

Que así sea.