Comentario del Evangelio, San Lucas 11,15-26 CATOLICO

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida".

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«El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.»

El Señor Jesús expulsa a los demonios, y algunos decían que lo hacía por el poder del demonio.

Para entender esto debemos saber que las criaturas más nobles creadas por Dios son los Ángeles, y que estos son criaturas inteligentes y puramente espirituales.

Dios creó a los Ángeles para que le honren y le sirvan y para hacerlos eternamente bienaventurados.

Los Ángeles se representan con formas sensibles: 1º, para ayudar a nuestra imaginación; 2º, porque así han aparecido muchas veces a los hombres, como leemos en las Santas Escrituras.

Pero no todos los Ángeles permanecieron fieles a Dios; antes, muchos de ellos, por soberbia, pretendieron ser iguales a El e independientes, y por este pecado fueron desterrados para siempre del paraíso y condenados al infierno.

Desde ese momento el bien y el mal se distinguen por la adhesión a la Voluntad de Dios, o por la rebelión consciente a esa voluntad.

Por ello Jesús dice: ¿Cómo puedo yo expulsar a los enemigos de Dios, a los que infectan el alma de las personas para alejarlas de Dios, en nombre de esos mismos enemigos?

Estar con Dios, es estar con la verdad, es estar con la humildad y mansedumbre frente a su revelación divina, es seguir a Cristo y enseñar a nuestros prójimos a amar a Cristo y ayudarlos a que a su vez lo sigan.

En este «equipo» no podemos estar divididos.

Eso las fuerzas del mal lo saben bien. Están muy unidos cuando se trata de atacar a la iglesia, a sus sacerdotes, relativizar los mandamientos de Dios, y fomentar leyes que desafíen su voluntad divina.

Por eso dice también el Señor que los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz. Y por ello nos pide ser mansos como palomas (a Dios) y astutos como serpientes (para no caer en las trampas del demonio).

Una muestra de que el Señor está llegando con su Reino a nosotros, es que mantengamos la unión en torno a los artículos de fe y los dogmas. En esa unidad el enemigo no encontrará brechas para entrar.

En todo núcleo al que el Católico pertenezca, tiene que poner a Cristo en el centro y todo girar en torno a ese centro.

Así si en una familia, marido, mujer e hijos adoran a Dios, y hacen de la vida de sacramentos y oración el centro de sus vidas, esa familia permanecerá unida por Gracia del Señor.

Lo mismo vale para una comunidad parroquial y para toda la catolicidad. Donde la adoración, los sacramentos y oración son el centro de la vida del creyente, la unidad resplandece.

Pidamos hoy a todos los Santos del Cielo que permanecen unidos a Cristo por toda la eternidad, que intercedan por nosotros ante Jesucristo nuestro Señor, para que multiplique su Gracia hacia nosotros, y por medio de ella, permanezcamos siempre con Él, y nunca obremos contra Él, para que siempre recojamos los frutos del amor y nunca desparramemos por inspiración del odio.