Comentario del Evangelio, San Lucas 10,38-42 Católico

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida".

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“Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria.»

¿Cuánto cambiarían nuestras vidas si tomáramos esta enseñanza del Señor en toda su profundidad?

Sólo una cosa hay necesaria.

Quiere decir que todas las demás cosas son accesorias.

Podemos rezar con San Ignacio de Loyola y pedir al Señor una humildad tan grande, capaz de vivir firmes en esta idea: Sólo el Señor es necesario en nuestras vidas.

A ello nos servirá analizar los grados de humildad que enseña San Ignacio en su libro de los ejercicios espirituales:

«El primer tipo de humildad es necesario para la salvación eterna:

Y consiste en rebajarme y humillarme lo más posible, para obedecer en todo la ley de Dios, Nuestro Señor, de tal forma que, aunque me volviera el dueño de todas las cosas creadas en este mundo o estuviera en riesgo mi propia vida temporal, nunca pensaría en transgredir un mandamiento, sea divino o humano.

El segundo tipo de humildad es una humildad más perfecta que la primera:

Y consiste en esto: me encuentro en un punto en que me da lo mismo la riqueza que la pobreza, la honra que la deshonra,una vida larga o una vida corta, cuando las alternativas no afectan el servicio de Dios, Nuestro Señor, ni la salvación de mi alma.

El tercer tipo de humildad es la humildad más perfecta.

Es cuando, al incluir los dos tipos anteriores de humildad, se agrega, para mejor imitar a Cristo, que deseamos y escojemos la pobreza con Cristo pobre en lugar de la riqueza, el oprobio con Cristo cubierto de oprobios en lugar de honores; y deseamos más ser tomados por insensatos y locos por Cristo, quién primero fue tenido por tal, que ser valorado como “sabio y prudente” en este mundo (Mt 11,25).

Que así sea