Comentario del Evangelio, San Mateo 21,33-43

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida".

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«La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular.»

Los profetas son molestos, no son oídos. La Palabra de Dios que entra hasta el interior pone en crisis la mediocridad de los que no están dispuestos a dejarse cuestionar por el Señor.

Lo que ocurrió a Jesús en su tiempo y el mismo profetizó en esta parábola, sigue ocurriendo hoy.

Dios manda a su Hijo, Jesucristo, y es rechazado y condenado a una muerte cruel en la cruz.

A esos que rechazaron el Reino de Dios, en su momento, les fue quitado el privilegio de ser el pueblo de Dios.

Desde la resurrección de Cristo y en especial desde Pentecostés, el pueblo del Señor se fue constituyendo con los que siguieron a Cristo en el Espíritu Santo, dispuestos al martirio antes que apartarse de la voluntad de Dios..

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Hoy podemos ver en los que tratan violentamente de esconder a Cristo o mejor dicho expulsarlo de la sociedad, a los herederos de estos viñadores homicidas.

Son posturas soberbias, como el ateísmo materialista, el humanismo panteísta, las logias de poder que luchan por «un mundo sin religiones», los que han tomado la posta, puesto que a ellos, el llamado de un Cristo que vence desde la Cruz, resulta tan molesto como molesto era Cristo al Sanedrín de los escribas y fariseos.

En el fondo atrás de esta actitud está el demonio, su rebeldía a Dios y su envidia al hombre que cuando obedece al Padre sea hace «más alto que los ángeles».

No de casualidad los militantes de estas corrientes, frecuentemente se burlan de Cristo y de la Virgen santísima, y los llaman de las peores maneras.

Y por ello buscan sacar cruces y estatuas de nuestra madre de todos los lugares públicos. Por eso las películas y programas de tv que esponsorean jamás nombran a Cristo.

¿No parece extraño que en las películas de Dysney y parecidas nunca se nombra a Cristo, ni a la Iglesia, ni a los sacerdotes?

Se usa como excusa decir que es inconveniente y que puede ofender a los que piensan distinto.

Imaginemos que nos responderían los apóstoles y los mártires de los primeros tiempos si les dijéramos que vemos estas películas y programas sin Dios y se los hacemos ver a nuestros hijos.

Esconder a Cristo de la cultura, es matarlo una vez más, como hicieron los viñadores homicidas de la parábola.

Hoy más que nunca debemos recurrir a dos armas: la humildad y la oración.

Pidamos al Señor vivir nuestra fe con la humildad y la oración, y así con la Gracia divina, poder hacernos uno con la palabra de Dios y obedecerle en Espíritu y en verdad.

Bendiciones.

1 Comentario

  1. Señor Jesús perdón por mi orgullo y falta de humildad. Ayúdame a poner en práctica estos carismas que dios me a dado. Y así alcanzar la vida eterna

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