Comentario del Evangelio, San Mateo 18,1-5.10 Católico

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida."

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«Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial.»

El Señor Jesús, en el Evangelio de hoy, establece la importancia de los niños en la vida del católico.

Los niños han de ser el centro de las preocupaciones en una familia, han de ser objeto de cuidado tanto en el sentido físico, como desde el punto de vista moral y espiritual.

Es una obligación del católico, defender la vida desde la concepción, desde el primer momento en que inicia la vida en el seno materno.

El católico no puede considerar de ningún punto de vista, el aborto, como un derecho o una opción aceptable. El aborto es el asesinato de un niño por nacer. Un niño que como dice el Señor, ya tiene su ángel guardián que está en presencia de Dios.

Luego al niño se lo debe cuidar moral y espiritualmente, dando nosotros los adultos ejemplo de santidad, y enseñándole de muy pequeño a rezar y poner a Cristo en el centro de su vida.

Por ello aunque cueste mucho en estos tiempos, debemos en lo posible evitar que se aficionen a divertimentos contrarios a las leyes de Dios.

Sea la TV o los celulares o los juegos de video, deben ser controlados para evitar que el niño reciba influencias dañinas en una etapa de crecimiento en la que no es capaz de discernir por sí mismo entre el bien y el mal.

En muchos casos esto es imposible, sea porque los padres trabajan y el niño pasa muchas horas solo, o porque la presión social y los amiguitos hacen que el niño esté atrapado en sistemas de diversión llenos de contenido violento o inconveniente para su edad.

Tantas veces los abuelos observan con desesperación como sus hijos ya apartados de la Iglesia, dan a los nietos una educación en la que Cristo no tiene lugar.

Son situaciones dolorosas frente a las cuales no debemos desesperar.

En la vida de la Iglesia, tenemos grandes ejemplos como el de Santa Mónica y San Agustín, donde la oración de una madre, dió frutos de conversión, luego de años de pedir por su hijo sumido en el pecado y en la falta de fe.

Por ello debemos ocuparnos en todo lo que podamos de llevar a los niños por los caminos de Dios, y allí donde nos falten las fuerzas o las posibilidades, rezar mucho sin rendirnos, confiando en que la mano de Dios hará lo suyo, y que los ángeles guardianes no descansan.

Pidamos al Señor la Gracia de ver a nuestros niños, progresar en la fe, y vivir una vida plena como hijos de Dios.

Que así sea.