Comentario del Evangelio, San Lucas 8,19-21 Católico

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«…mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican.»

¿Queremos hacernos hermanos de Cristo? ¿Realmente lo queremos?

¿Entonces porqué no escuchamos la Palabra de Dios y la cumplimos?

Si queremos ser hermanos de Cristo debemos acudir a las fuentes de vida eterna.

Escuchamos la Palabra de Cristo en la escritura, explicada por la tradición de la Iglesia y el magisterio que  guarda santamente y expone fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe.

Nuestro Señor Jesucristo nos ha dejado el mapa del Camino, nos renueva con su Espíritu y nos llama a la humildad de dejarnos guiar y reconocernos necesitados en la oración, dejando que la confesión frecuente y la vida de Sacramentos tome poco a poco el control de nuestra voluntad.

Eso es hacer buen uso de la libertad y hacerse hermano de Cristo, vaciarse de uno mismo y dejar que Él sea en nosotros.

Debemos escuchar a Cristo que nos dice: “Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos.”

Sabemos que el Señor Jesús nunca nos pediría algo imposible de cumplir para nosotros.

Por eso, sabemos que Dios da su Gracia para poder estar abiertos a escuchar su palabra y practicarla, siempre que se la pida con insistencia, con humildad y corazón contrito.

Llenos de de esa certeza, y confiados en la Gracia del Señor, perseveremos en la imitación de Cristo fortalecidos por la vida de Sacramentos y guiados por los mandamientos de Dios.

Así sea.

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