Comentario del Evangelio, San Lucas 8,1-3 Católico

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida".

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«Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades.»

Desde la escena de Cristo con la samaritana en la fuente de agua, vemos como el Señor traspasa las convenciones sociales de su tiempo, que relegaban a la mujer.

Jesucristo frente a la sorpresa y rechazo de los discípulos, le habla a la Samaritana, extranjera y mujer. En esos tiempos en que los hombres de todo Medio Oriente no acostumbraban hablar con mujeres en público.

En la época de la encarnación de Cristo, las mujeres eran tratadas poco más o menos que como una cosa. Por ejemplo en la guerra eran tomadas como botín de los vencidos.

El Señor Jesús viene a cambiar radicalmente esa manera de pensar, y a dar un protagonismo a la mujer, que la Iglesia enaltece en la figura de María.

No un protagonismo como se entiende a la moderna. Es decir una emancipación material, una desnaturalización de la maternidad, una deformación de la familia querida por Dios.

No, lo que el Señor ofrece es una emancipación mucho mayor, una libertad absoluta que viene del Espíritu.

¿Quién podría decir que la entrega de amor de María no fuese absolutamente libre?

¿Quién diría que es más libre que un santo que se desliga de todo lo que el mundo aprecia, para unirse a la fuerza eterna, al brillo que no cesa, a la felicidad sin fin?

Debemos reconocer que en los últimos 100 años el movimiento feminista original, de la mano del liberalismo, ha conseguido importantes y valiosos avances en los derechos de la mujer (derecho al voto, igualdad en su capacidad legal, acceso al trabajo).

Pero pasado el punto de igualdad necesaria, desde hace unos 50 años, por oscuras políticas de estado, la mujer es engañada y empujada a reclamar una igualdad mal entendida.

Se ha pasado de un reclamo de derecho natural, acorde a la Voluntad de Dios, a una lucha mezquina por espacios de autonomía personal desde la óptica del egoísmo, que tomados al pie de la letra son contrarios al llamado de santidad.

Pero aún desde el egoísmo creemos que el modelo cultural moderno de mujer hiper-independiente, es un modelo que a la que más perjudica es a la mujer misma.

Porque con la excusa de la igualdad, se la pretende privar del don más bello que Dios le ha dado, la maternidad.

Se la usa hoy aún, como una cosa, como un eslabón en la cadena productiva.

Se le ha negado la cortesía, la galantería, el respeto a que su entrega personal sea sellada frente a Dios como un compromiso sagrado e inviolable para toda la vida, así se la expone a relaciones pasajeras en las que siempre la que más tiene que perder es la mujer.

En Cristo, el llamado a tomar cada uno su Cruz y seguirlo, involucra a hombres y mujeres, que unidos a la voluntad de Dios, no serán unos más que los otros, sino todos hijos de Dios y actores de su plan de salvación desde la Iglesia doméstica que es la familia, o desde una vida consagrada al servicio de Dios.

En la lógica de Cristo, los últimos serán los primeros, y los más grandes los que sirvan a todos.

El mundo moderno no conoce el amor de Cristo y por eso no entenderá esto jamás mientras no se convierta.

Pidamos al Señor, por intercesión de la siempre Beata Virgen María Santísima, que el Señor devuelva la verdadera libertad a nuestras valerosas madres, hijas, abuelas y nietas, para que con el modelo de María puedan santificarse y alcanzar para ellas y los suyos la felicidad sin fin que sólo viene de Dios.

Lee aquí, las 10 virtudes de María.

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