Comentario del Evangelio, San Juan 19: 25-27 CATOLICO

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida".

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Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre

Memoria de Nuestra Señora de los Dolores

La Virgen María como mujer fuerte, que no se deja abatir. “ìStabat Mater Dolorosa!” Ella es una presencia silenciosa que apoya al hijo en su entrega hasta la muerte, y a la muerte de cruz (Fil 2,8).

Jesús mira a María, se dirige a Ella con el apelativo Mujer, como en Caná y, señalando al discípulo amado, dice: Mujer, aquí tienes a tu hijo (Jn 19, 26). Luego, mirando a Juan, añade: aquí tienes a tu Madre (Jn 19, 27).

Ni a la Virgen ni a san Juan los llama por su nombre. María es la nueva Eva que, en unión con el nuevo Adán y subordinada a Él, está llamada a prestar su mediación materna en la obra de la redención.

Desde ese momento, María es constituida Madre de todos los que vendrían a la Iglesia: Mater Ecclesiæ. Sus entrañas fructificaron en una nueva maternidad: espiritual, pero verdadera; y dolorosa, porque en aquellos momentos se cumplía a la letra la profecía del anciano Simeón: una espada te traspasará el alma (Lc 2, 35).

María repite al pie de la Cruz su respuesta confiada a Dios, su «fiat» que dio a Dios a través del ángel en el tiempo en que recibió la Anunciación.

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También ella nos inspira con su presencia la presencia la esperanza, porque ante el sacrificio salvador y redentor de su hijo, nace la ilusión de la Iglesia y de la humanidad.

Nuestra Madre nos hace descubrir que el sí a Dios tiene un sentido y de ello no se arrepiente.

Y como siempre repetirá confiada aunque la espada del dolor la atraviesa, que vale la pena porque el dolor es el precio del amor a los demás.

Allí, junto a la Cruz ella confirma su vocación corredentora: sufre con y por su hijo por todos nosotros. Madre e hijo, confirman con su testimonio, el mensaje de la Bienaventuranzas.

Mirémosla y pidamos que aumente nuestra fe cuando llegan las dificultades. Que también nosotros nos repitamos en nuestro interior, el mensaje de Bienaventurados los que sufren, los pobres, los perseguidos por razón de Cristo, porque ellos toman la Cruz como su Señor y lo siguen en el dolor, ganando así con la Gracia de Dios, seguirlo en su Gloria.

Recuerda, es Jesús sufriente el que te dice: “ahí a tu madre” y que en mujer de corazón ensanchado encontramos el amor que a todos acoge con afecto materno, convirtiéndose en fuente de esperanza y de alegría.

Cristo nos ha abierto la puerta a la vida eterna a la misma vez que nos ha dado a nuestra Madre. Sólo después de la entrega del discípulo a la Madre, y de la Madre al discípulo, podía Jesús decir «todo está cumplido».

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1 Comentario

  1. Gracias por usted Padre ·»DIOS LE BENDIGA SIEMPRE POR ESTA VALIOSA JOLLA DE LA QUE PODEMOS DEISFRUTAR PARA APRENDER HABLAR CON NUESTRA MADRE Y CON JESUS NUESTRO REDENTOR, CON NUESTRO padre CREADOR Y SU ESPIRITU SANTO SANTIFICADOR .»

    Madre de Jesús y madre nuestra, Virgen Prudentísima y Venerada nuestra, a ti acudo a fin de que como confidente amada de tu Santo Hijo, dile que nos ilumine en este transcurrir y no nos dejes solos en nuestras necesidades espirituales y corporales, Madre dile a tu Hijo Redentor amado que no nos desampares, porque él si puede y tiene poder. Dile a tu amado Jesús que le de siempre mucha salud y de tu sabiduría e inteligencia al Padre Daniel para que siga evangelizando y enseñándonos a evangelizar con tu Palabra para seguir las huellas de Jesús; gracias, gracias, amén, amén .

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