Comentario del Evangelio San Lucas 6,12-19

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida".

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El fragmento del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo que hoy leemos, nos invita a hacer tres reflexiones.

La primera sobre la Oración:

«Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios. »

En este episodio, el Señor da ejemplo de la utilidad y oportunidad de la oración. Él iba a elegir sus apóstoles. Iba a tomar una importante decisión.

La enseñanza es esta; antes de cualquier decisión en nuestra vida, escuchar a Dios.

¿Y cómo lo hacemos? Con una oración en la que pongamos todo nuestro ser, toda nuestra atención, y paciencia para que Dios hable y nos muestre el camino a seguir.

Segundo, la lectura de hoy nos relata la institución de los apóstoles:

«Llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles.»

Los Apóstoles fueron discípulos de Jesucristo, escogidos por El para que fuesen testigos de su predicación y de sus milagros, depositarios de su doctrina, investidos de su autoridad y enviados para anunciar el Evangelio a todas las gentes.

Luego de pasar junto al Señor gran parte de su vida pública, vivieron el drama de la Pasión de Cristo, y salvo Juan tuvieron miedo y se escondieron.

Pedro negó al Señor, pero se arrepintió y murió mártir. Judas lo traicionó, cayó en la desesperación y se suicidó porque no creyó en el amor de Dios que todo perdona, sino que escuchó al maligno.

El resto de los apóstoles junto a María Magdalena fueron los primeros testigos de la resurrección de Cristo, y en Pentecostés, junto a la Santa Virgen María, recibieron el Espíritu Santo.

El fruto de la predicación de los Apóstoles fue la destrucción de la idolatría en los países donde predicaron y el establecimiento de una fuerte semilla de evangelización para el crecimiento de la religión católica.

Por último el Evangelio de hoy nos habla una vez más de la divinidad de Cristo manifestada en su poder milagroso de sanación:

«Los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban curados; y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.» 

Reafirmamos como en los días anteriores la sencilla formulación de los artículos fundamentales de nuestra fe:

Cristo es Dios, Cristo ha derrotado a la muerte, Cristo salva.

Pidamos al Señor la Gracia de hacer de la oración parte esencial de nuestras vidas, de vivir unidos a la Iglesia Católica y Apostólica como signo de unión con Cristo, con ese Señor que es Dios, que nos salva y que nos sana de todas nuestras dolencias.

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