Comentario del Evangelio San Lucas 4,31-37

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida"

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“¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”.

Pero Jesús lo increpó, diciendo: “Cállate y sal de este hombre”. El demonio salió de él, arrojándolo al suelo en medio de todos, sin hacerle ningún daño.

El temor se apoderó de todos, y se decían unos a otros: “¿Qué tiene su palabra? ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!”.

En este fragmento del Evangelio, es el mismo demonio el que reconoce la divinidad de Cristo.

Recordemos como ayer veíamos, que sus conciudadanos de Nazareth, se negaron a reconocer la divinidad de Jesús, y lo quisieron asesinar.

En el caso de Nazareth, no creyeron. En la lectura de hoy, vemos lo que se llama «la fe de los demonios». *1

Esta no es un fe en sentido propio, no es que creen en Dios, sino que saben con certeza que Dios existe. Lo saben pero tristemente eligieron oponerse a Dios.

Desde el mundo de hoy tan racionalista, tan técnico, que ve todo desde la conveniencia del momento, nos podemos llegar a admirar de que hallan tantos hombres y mujeres que hoy viven como si Dios no existiera, mientras los mismos demonios no tienen ninguna duda de que Dios existe.

Por otro lado, en esta lectura, resalta el final de la misma. Viendo el milagro de Cristo, «el temor se apoderó de todos».

«Vemos a un Cristo imponente y majestuoso, el mismo que detiene el viento y resucita a los muertos, no es un Cristo domesticado, no es un Deepak Chopra moderno, es el mismísimo Dios hecho hombre.» (Monseñor Robert Barron, obispo auxiliar de Los Ángeles)

Frente al poder de Cristo, la reacción de los espectadores fue el temor. Estupor, sorpresa. No debemos olvidar esto cuando vamos a la misa, cuando participamos de la adoración, de las procesiones.

El domesticar el concepto de Cristo, el ver sólo la parte dulzona de su mensaje, limitando la fe a un tema de emociones, no nos permite entender el verdadero poder del Evangelio.

Pidamos al Señor la Gracia, de tener muy presente la realidad, la potencia y la Gloria de nuestro Dios en nuestra vida cotidiana.

Bendiciones

*1 Para extenderse en el tema recomendamos leer el libro «La fe de los demonios», de Fabrice Hadjadj.