COMENTARIO DEL EVANGELIO DE HOY

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida"

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Vemos en todo el Evangelio de Jesucristo, que el Señor de ordinario, los sábados entraba en las sinagogas y enseñaba.

Comúnmente, después de sus discursos, le presentaban enfermos de toda clase: mudos, sordos, tullidos, ciegos, leprosos, y El a todos les devolvía la salud.

Infinito es el número de milagros, muchos de ellos famosísimos, que obró en los tres años de su predicación, para demostrar que hablaba como enviado de Dios, que era el Mesías esperado por los Patriarcas y vaticinado por los Profetas, que era el mismo Hijo de Dios.

A la vista de, tales milagros, muchos se convertían y le seguían, muchos le aclamaban y alguna vez le buscaron para hacerle rey.

Estos triunfos de Jesús despertaron desde el principio la envidia de los escribas y fariseos, de los príncipes y sacerdotes y de las cabezas del pueblo, envidia que se aumentó en extremo cuándo él se puso a desenmascarar su hipocresía y a reprobar sus vicios.

Sólo la envidia puede explicar lo que pasó en Nazareth, donde su gente reunida en la Sinagoga, se negó a reconocer la divinidad de Cristo, y a pesar de ser su pueblo de crianza, quiso asesinarlo.

Frente a ello la Biblia no nos dice como, pero si nos dice que el Señor siguió adelante, y pasó entre sus enemigos sin sufrir daño alguno. Aún no era su hora, y sigue su camino de predicación y milagros, que culminará en su pasión, muerte y resurrección.

Toda la vida de Cristo fue un sólo dolor, una entrega generosa, el amor de Dios hecho hombre. Y toda su vida fue a la vez gozo, resurrección y luminosidad.

Él es el Cristo, el elegido, nuestro Salvador.

Pidamos la Gracia de ser siempre humildes y tener un corazón puro en el que no haya lugar para la envidia, ni para la falta de fe. Para que ese Jesús que crece junto a nosotros, nos impacte con su predicación, nos deslumbre con sus milagros, y nos haga por siempre sus fieles discípulos.

2 Comentarios

  1. Todos tus doores y todos tus pesares, entregaselos a Dios ponlos en sus manos y El suavisara los dolores y penas. Todo lo que hagamos que sea para gloria de Dios.

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