Comentario Evangelio San Mateo 20,1-16a

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida."

921

Hoy el fragmento del Evangelio que leemos, el Señor nos explica que no hay excusas para no aceptar su llamado, ningún pasado de pecador nos impide seguir a Cristo, sólo debemos arrepentirnos de Corazón y ponernos absolutamente a su disposición.

La parábola que el Señor usa para facilitar la comprensión de la idea, es aquella del propietario de la viña que contrató obreros durante todo el día, y al final del día, pagó por igual a los que trabajaron el día entero, que a los que sólo trabajaron comenzando al caer la tarde.

El Señor nos muestra que su justicia, es distinta a la de los hombres. Que su fin dándonos un trabajo y asignando una misión, es salvar las almas y que para ello basta aceptar la misericordia y disponerse a cumplir la voluntad de Dios hoy y en lo sucesivo.

Esto no significa que en Dios no halla justicia, sino que su Justicia está orientada a la salvación y a nuestro bien.

El Señor nos ha dicho:

«No piensen que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento» (Ev s/San Mateo, 5: 17).

Estamos obligados a guardar los mandamientos, porque todos hemos de vivir según la voluntad de Dios, que nos ha creado, y basta quebrantar gravemente uno solo para merecer el infierno.

No debemos olvidar que está en nuestro poder guardar estos mandamientos con la gracia de Dios, quien siempre está pronto a darla a quien debidamente se la pide.

Pero esto no funciona aisladamente al resto de las enseñanzas de Cristo, sino haciendo un conjunto armonioso con el resto de sus enseñanzas.

Así debemos entenderlo y también recordar que el Señor Jesucristo dio a los Apóstoles la facultad de perdonar los pecados soplando en ellos y diciendo:

“Recibid el Espíritu Santo; a los que perdonareis los pecados les serán perdonados, y a los que se los retuviereis les serán retenidos”.

Es decir que su misericordia abre el camino a un arrepentimiento sincero, hasta el último suspiro de vida, poniendo a Cristo en primer lugar en nuestro corazón, doliéndonos por nuestros pecados, tomando nuestra cruz, cualquiera sea esta, y siguiendo al Señor.

Por ello es muy bueno confesarse a menudo, porque el sacramento de la Penitencia, además de borrar los pecados, da gracias oportunas para evitarlos en adelante.

Así, en ese contexto podemos entender bien lo que el Señor Jesús nos dice:

«Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos.»

Es un luminosa enseñanza de Cristo, para evitar que el demonio pueda engañarnos, presentándonos una caricatura de la Justicia y la Misericordia de Dios en nuestra conciencia.

Pidamos al Señor la Gracia de nunca abandonarnos a pecar confiados en la Misericordia de Dios, y a la vez, nunca desesperar por miedo a la Justicia divina, luego de haber caído en la tentación.

¡Señor que temamos tu Justicia antes de pecar, y que, dolidos de haberte ofendido, confiemos en tu Misericordia a la hora de arrepentirnos!