Comentario Evangelio San Mateo 15,21-28

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida."

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Hoy el Evangelio, y las lecturas del día nos revelan una gran verdad de nuestra Fe:

Es Católica.

Esto significa que la Iglesia verdadera es universal, porque abraza a los fieles de todos los tiempos y lugares, de toda edad y condición, y todos los hombres del mundo son llamados a formar parte de ella.

Con el Señor Jesús, la antigua Alianza de Dios con un Pueblo elegido, pasa de ser una promesa a los descendientes de Abraham, al llamado de Cristo para que todos los pueblos sus discípulos.

Muchos son los pasajes del Evangelio que van mostrando como Dios, no reduce su llamado solamente a los judíos, que habían entendido equivocadamente sus promesas como exclusivas de su pueblo, osea de una manera carnal.

Así ya la manifestación del Señor en el pesebre de Belén a los Reyes Magos de oriente: la curación al sirviente del centurión, y la alabanza de Cristo a la fe del Centurión; el fragmento que leemos hoy, de la curación de la Hija de la Cananea, la conversación del Señor con la Samaritana y su invitación a que esta beba el agua de vida eterna.

Luego de la pasión y muerte del Señor, con el mismo significado, se nos presentan el Sueño de Pedro, en que el que Dios le manda comer lo que las leyes rituales prohibían, y la interpretación que Pedro da a este sueño, que inspira la decisión del concilio de Jerusalén del año 50, donde los Apóstoles se inclinan por el parecer de Pablo y deciden que los gentiles convertidos al cristianismo no estaban obligados a mantener la mayor parte de la Ley de Moisés, incluyendo las normas relativas a la circuncisión de los varones; y por último todo el ministerio Evangelizador en tierras lejanas de todos los apóstoles, especialmente del Apóstol San Pablo.

Dios llama a todos a la Santidad, a su amor, a pertenecer a su Iglesia, a recibir la gracia de los sacramentos, empezando por el bautismo.

Como nos enseñó el Papa emérito Benedicto XVI: «la fe nace en la Iglesia, conduce a ella y vive en ella.»

Es decir Dios llama a todos a ser parte de su Iglesia, pero es necesario que respondamos a su llamado, que nos hagamos sus hijos adoptivos, entrando en la Vida de la Iglesia, bautizándonos y haciendo bautizar a nuestros hijos.

Ese es el primer llamado universal de la Iglesia.

Es que el Bautismo es un sacramento por el cual renacemos a la gracia de Dios y nos hacemos cristianos. El Bautismo es absolutamente necesario para salvarse, habiendo dicho expresamente el Señor: «El que no renaciere en el agua y en el Espíritu Santo no podrá entrar en el reino de los cielos.»

La falta del Bautismo puede suplirse (y así salvarse quién no ha sido bautizado), con el martirio (Bautismo de sangre), o con un acto de perfecto amor de Dios o de contrición, que vaya junto con el deseo, al menos implícito, de bautizarse, (Bautismo de deseo).

¿Cuál es el camino?, preguntó el apóstol Tomás. “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida -le respondió Jesús-; nadie va al Padre si no es a través de mí”. (Jn 14, 6).

La vocación de la Iglesia es llamar a todo el mundo a seguir a Cristo, es decir ir al mundo a pescar almas para el Señor. Esto no significa ir al mundo para confundirnos con él, para creer lo que cree el mundo y olvidarnos del Señor, o diluir su mensaje mezclándolo con otras religiones o prácticas que nada tienen que ver con Cristo.

«Si después la Iglesia, como dice el Papa Pablo VI, trata de adaptarse a aquel modelo que Cristo le propone, es necesario que ella se diferencie profundamente del ambiente humano en el cual vive y al cual se aproxima.

Para cumplir su misión, deberá continuamente también tomar distancias respecto a su entorno, deberá, por decirlo así, desligarse del mundo.» (SS. BENEDICTO XVI, ALEMANIA 22-25 DE SEPTIEMBRE DE 2011).

Por lo tanto la iglesia por se Católica llama a todos, pero no cree en todos, sólo cree en Cristo.

Por ello debemos rechazar toda práctica incompatible a la fe, como son los horóscopos, el Reiki, el yoga (cuando se practica no sólo como gimnasia sino como filosofía de vida), el zen, la adivinación, la cartomancia, las escuelas de control mental y otras que hablan de energías, y en general todo misticismo que no sea avalado por el magisterio de la Iglesia.

En cambio no debemos rechazar a quienes están en el error de esas prácticas, porque Cristo nos llama también a predicar a ellos, para que como hicieron los Apóstoles, y con la Gracia de Dios, colaboremos a su conversión y adhesión a la Iglesia de Cristo.

También ellos , como la cananea, si se acercan a Cristo con humildad, podrán escuchar al Señor que les diga:

 «¡Qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!».