Comentario Evangelio San Mateo 19,13-15.

Entremos en la Palabra del Señor. "Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida."

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COMENTARIO EVANGELIO DEJEN QUE LOS NIÑOS VENGAN A MI

«Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos», nos dice hoy el Señor Jesús.

Es que no hay un bien mayor para los niños, que darles a Cristo. Darles al Señor en el bautismo, darles al Señor en una familia que tenga fe y la viva. Darles al Señor haciéndolos participar desde niños en la vida de la comunidad parroquial. Viviendo junto a sus padres, abuelos, hermanos y vecinos la vida de sacramentos y de escucha de la Palabra de Dios.

Llevarlos al Señor Jesús, es enseñarles de pequeños la sana costumbre de la oración diaria, al levantarse y antes de ir a dormir. Que recen junto a sus mayores, pidiendo tener siempre el corazón junto a Jesús, y la esperanza en sus promesas.

Dejar que los niños se acerquen a Cristo, es también, dar testimonio frente a ellos. Mostrar amor y ternura; que nos vean llevar con paciencia nuestras cruces de cada día. Así también, abuelos, padres y maestros dejamos que los niños vayan a Cristo, con nuestro ejemplo.

El Señor nos ha enseñado que los que son como niños heredarán el Reino de los Cielos. El Señor nos pide entonces una fe sencilla, que todo lo cree, que todo lo espera, que en Él se confía.

Ciertamente que esta fe nos dará un corazón renovado, un corazón de niño. Eso no significa que los adultos deban volver a hacerse niños desde todos los puntos de vista, sino que su corazón debe ser puro, bueno, confiado, y estar lleno de amor.

Por eso enseñemos a nuestros niños, y a nosotros mismos, con las palabras de San Juan Pablo II:

«Para que el Señor Jesús pueda habitar en nosotros, debemos esforzarnos para que nuestra alma esté siempre abierta a Él.

Este es, por tanto, nuestro compromiso: amar siempre a Jesús, tener un corazón bueno y puro, e invitarlo lo más frecuentemente posible, para que mediante la sagrada Comunión habite en nosotros.

Y no hacer nunca cosas malas. A veces esto puede resultar difícil. Pero ayuda mucho recordar que Jesús nos ama y desea que también nosotros lo amemos con todas nuestras fuerzas.»