Reflexión Evangelio San MATEO 14:-1-12

Déjate cambiar por la luz de la Palabra de Cristo.

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Hoy el Evangelio de Jesucristo nos trae la pregunta que se hace Herodes sobre quién era ese Jesús del que todos hablaban.

Herodes ve en el él, a Juan el Bautista. Aún en la ceguera en la que su maldad lo mantenía, es capaz de identificar a dos, que para él representaban a una verdad que le era molesta.

El precursor de la verdad (Juan el Bautista), y la verdad misma (Jesús, el Verbo Encarnado, la Segunda persona de la trinidad). Herodes no entendía esto. Sólo sabía que esa verdad lo molestaba, y que aunque sentía curiosidad, no se dejaría cambiar por ella.

Tan alejado estaba de esa verdad, como para decidir asesinarla, en complacencia con su pecado. Es decir a pedido de la adúltera Herodías, que no soportaba que la verdad la acusara.

Dios había mandado a Juan el Bautista a preparar los caminos del Señor. Y su fidelidad lo llevó a preceder también a Jesús en la muerte violenta: Juan fue decapitado en la cárcel del rey Herodes, y así dio testimonio pleno del Cordero de Dios, al que antes había reconocido y señalado públicamente.

«Los profetas han anunciado por adelantado la venida del Salvador, los apóstoles y los demás que enseñan en la Iglesia dan testimonio de que esta venida realmente tuvo lugar, pero Juan lo muestra ya presente entre los hombres.» (San Pedro Damián (1007-1072), Sermones 24-25; ; PL 144, 857)

«Como auténtico profeta, Juan dio testimonio de la verdad sin componendas. Denunció las transgresiones de los mandamientos de Dios, incluso cuando los protagonistas eran los poderosos.

Así, cuando acusó de adulterio a Herodes y Herodías, pagó con su vida, coronando con el martirio su servicio a Cristo, que es la verdad en persona.» (SS. BENEDICTO XVI – Domingo 24 de junio de 2007)

«Juan se consagró totalmente a Dios y a su enviado, Jesús. Pero, al final, ¿qué sucedió? Murió por causa de la verdad, cuando denunció el adulterio del rey Herodes y Herodías.» (S.S. Francisco, 23 de junio de 2013) .

«Juan fue víctima de «un hombre débil y lujurioso» que se dejó llevar «por el odio de una adúltera, por el capricho de una bailarina.» (SS. Francisco, 7 de febrero en la capilla de la Casa Santa Marta).

Herodes no se preocupa de la verdad, sino de su provecho personal y su diversión. Él trataba de entender a Jesús desde los miedos que le asaltaban después del asesinato de Juan. Era un gran supersticioso que escondía su miedo detrás de la ostentación de su riqueza y de su poder.

Su figura, nos lleva a una reflexión sobre el peligro que cada uno tiene de caer en la tentación de endiosar el propio capricho, la propia sed de protagonismo, de riquezas y honores, y hacer de esto un dios interior, que nos haga odioso el verdadero Dios. Así hasta que la oscuridad cubra todo.

Nos puede pasar que creamos en el único Dios verdadero, pero de una manera light, como un pasatiempo, algo que nos gusta escuchar, pero que lo dejamos en el lugar de un Hobby que no entra entre nuestras prioridades de vida.

A continuación, transcribimos una muy interesante reflexión del Padre Arriola sobre el tema:

«Podemos convertirnos en otros «herodes» en nuestra vida espiritual: nos da curiosidad «ese tal» Jesús que hace milagros, pero que no lo podemos dejar actuar libremente en nuestra vida porque tememos que nos pida todo, aun aquello que más nos cuesta y no somos capaces de dárselo.

Nos da curiosidad y le atribuimos aspectos mágicos que están opuestos a la fe, pero por miedo al «qué dirán», lo dejamos relegado en la prisión de nuestra falta de generosidad. Y si no hay generosidad, podemos ahogar las palabras que el Señor nos dirige en el fondo del corazón hasta que terminamos por eliminarlo con nuestro pecado e insensibilidad.

Esto nos entristece, pero es lo que pasa cuando el mundo pide la «cabeza de dios» en la bandeja del materialismo, del hedonismo, del racionalismo, del laicismo a ultranza desligado de los deberes, pero que clama y reclama derechos que ni siquiera merece.

Este es el mundo que grita la muerte de Dios y quiere verlo desaparecer porque Él no deja en paz su conciencia y desea justificar su maldad con la ilusión de una libertad que es libertinaje.» ( P. Francisco Javier Arriola, LC | Fuente: Catholic.net)

1 Comentario

  1. Muy buenas Especialmente cuando estamos hospitalizado y sin poder recibir El cuerpo y la Sangre de Cristo.amen

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