Reflexión Evangelio San MATEO 13:-54-58

Entra en la luz de la Palabra de Salvación.

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El fragmento del Evangelio de Jesucristo que hoy leemos, nos transporta a la visita que hace el Señor Jesús al pueblito donde había transcurrido su vida desde el regreso de Egipto, el pequeño conjunto de cuevas de pastores, llamado Nazaret.

La conclusión de esta lectura es que donde no hay fe, Dios no puede hacer milagros.

Jesús como estaba prescrito por la ley de Moisés en el día de sábado, participa de la lectura pública de la Torá. Jesús tomó la palabra.

La gente quedó admirada, no entiende la actitud de Jesús: «¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros?”

La gente de Nazaret queda escandalizada y no lo acepta: “¿No es éste el hijo del carpintero?”

Las personas que hubieran tenido que ser las primeras en aceptar la Buena Noticia, son las que se obstinan en no aceptarla.

Jesús sabe muy bien que “nadie es profeta en su patria”.

Aquél que recorrió por espacio de tres años toda la Judea y Galilea, predicando su Evangelio, y confirmando su doctrina con infinito número de milagros, comprueba como allí donde no hay aceptación sencilla a las manifestaciones de Dios y su Evangelio, donde no hay fe, no se puede hacer nada.

También se ve en germen, la misma envidia y reacción asesina, que luego llevará al sinedrio de Jerusalén a decidir la muerte de Jesús, y desarrollar su papel, en la Pasión de Cristo, voluntariamente aceptada por nuestro Señor.

La referencia a los supuestos hermanos de Jesús, es una clara referencia al término hermano usado en el sentido de familiar. Así se usaba en el oriente, y aún se usa en muchas lenguas la misma palabra para hermano, que para primo.

Es que en cada lengua el uso de las palabras no siempre es el mismo, y cada palabra muchas veces significa dos cosas diversas. Por ejemplo en Italiano, actualmente la palabra «Nipote», se usa tanto para lo que en español se dice sobrino como para decir nieto.

Como enseña la fe, la Virgen María, por singular privilegio y por los méritos de Jesucristo Redentor, fue santificada con la divina gracia desde el primer instante de su concepción, y así preservada inmune de la culpa original.

Es dogma de fe que María Santísima fue siempre Virgen, y es llamada la Virgen por excelencia.

A continuación les dejamos un audio-vídeo muy didáctico, para entender este tema desde una representación teatral:

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