Reflexión Evangelio San MATEO 13: 47-53

Entra en la luz de la Palabra de Salvación.

2013

Hoy reflexionamos y nos dejamos iluminar por el Evangelio de Jesucristo, a través de la parábola de la red echada en la mar. El sentido de esta enseñanza del Señor, es parecido al de la parábola del trigo y la cizaña que crecen juntos.

«También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos.”.

“Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. «¿Habéis entendido todo esto?»

Es muy recomendado por muchos santos de la Iglesia, meditar todos los días en lo que el magisterio han llamado los Novísimos o Postrimerías del hombre. Es decir en las realidades que deben dar sentido a cada decisión que tomamos en este mundo: la Muerte, el Juicio, el Infierno y y la Gloria

Las Postrimerías se refieren a nuestro destino final, porque la muerte es la última cosa (la cosa postrera) que sucede a las personas en este mundo; el Juicio de Dios es el último de los juicios que hemos de recibir; el Infierno es el mal extremo que tendrán los malos que no se arrepientan, y la Gloria, el sumo bien que poseerán los buenos que perseveren hasta el final.

El Señor Jesús ha sido muy claro en varias partes del Evangelio: el destino de aquellos que se separan de Dios o que no quieren saber de Dios es el infierno. Es inútil que neguemos esto o lo cuestionemos. Dios es misericordia mucho más que justicia, pero también es justicia.

No es Dios quien condena, sino que Él quiere que todos tengan vida y vida en abundancia. Cada uno de nosotros se condena a si mismo, cuando libremente elige alejarse de Dios.

El Evangelio de hoy finaliza con una enigmática frase:

«Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de su arca cosas nuevas y cosas viejas.».

Jesús busca aclarar aún más lo que es su Reino, y para ello compara el doctor de la ley con el padre de familia.

¿Qué hace el padre de familia? El “saca de su arca cosas nuevas y cosas viejas».  La educación en casa se hace transmitiendo a los hijos y a las hijas, lo que ellos los padres, han recibido y aprendido a lo largo de los años. Es el tesoro de la sabiduría familiar, donde están encerradas la riqueza de la fe, las costumbres de la vida y tantas otras cosas que los hijos van aprendiendo.

Ahora, Jesús quiere que, en la comunidad, las personas responsables de la transmisión de la fe (los doctores de la ley) sean como el padre de familia. Así como los padres entienden de la vida en familia, así estas personas responsables de la enseñanza tienen que entender las cosas del Reino y transmitirlas a los hermanos de la comunidad.

Luego, ¿porqué el Señor habla de que el Reino se parece a este doctor de la Ley que se vuelve discípulo del Reino?

Había pues doctores de la ley que aceptaban a Jesús. Para ellos, todo aquello que estudiaron para poder ser doctores de la ley sigue siendo válido, pero reciben una dimensión más profunda y una fidelidad más amplia.

La predicación de Jesús, y el testimonio supremo de su pasión, muerte y resurrección, dan Espíritu a la letra de la Ley, la que es dotada de nueva vida, sin mudar una letra o una coma, (Mt 5,17-18).

Así se entiende que este escriba saca de lo viejo (el antiguo testamento) y de la nuevo (de la enseñanza de Cristo, el Verbo Encarnado, que ilumina por dentro toda la sabiduría acumulada del doctor de la Ley.)

Hoy su palabra pone el acento en que el supremo bien es la Salvación, y que, cómo hemos visto los días anteriores, debemos poner nuestro esfuerzo en ser mansos a su gracia, y libremente unirnos a la voluntad de Dios, que conocemos por la revelación divina y la enseñanza de la Iglesia Católica.

La gran verdad que hace tan apetecible el Reino de Cristo, es que el alma humana no muere jamás. Igualmente Dios ha dispuesto la resurrección de los cuerpos para que, habiendo el alma obrado el bien o el mal junto con el cuerpo, sea también junto con el cuerpo premiada o castigada.

Pidamos a Dios, en la oración de cada día, que multiplique sus gracias, para que seamos dignos de la bienaventuranza de gozar en la vida eterna del bien supremo, que consiste en ver, amar y poseer por siempre a Dios, fuente de todo bien.